Comprarse un coche deportivo es el sueño de muchos amantes del motor. La velocidad, el rugido del motor y el diseño de estos vehículos despiertan pasión desde muy jóvenes. Sin embargo, para la gran mayoría, el mayor impedimento siempre es el precio, convirtiendo ese sueño en algo casi inalcanzable.
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Para este recién jubilado, ese deseo llevaba años aparcado en su mente. Cuando dejó atrás su vida laboral, decidió darse el capricho definitivo y comprarse un Lamborghini Aventador como recompensa personal. Lo que no imaginaba es que l a parte complicada no sería conducirlo, sino algo mucho más sencillo en apariencia.
El verdadero desafío llegó cuando intentó salir del coche. La altura tan baja del asiento, la peculiar forma de las puertas y la falta de costumbre con un deportivo tan extremo hicieron que la escena fuera tan torpe como divertida. Su estreno con el superdeportivo no fue una salida triunfal al volante, sino un momento inesperado que demostró que, a veces, lo más difícil de un Lamborghini no es pagarlo, sino bajarse de él con estilo.
Además, lo que hizo aún más cómica la escena fue que el hombre, lejos de enfadarse o frustrarse por la situación, no hacía otra cosa que reírse a carcajadas. Incluso tuvo que gatear unos centímetros para apoyarse en la rueda y poder levantarse correctamente, ya que aparentemente, sus rodillas habían sufrido.
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