Las imágenes hablan por sí solas. Dos deportivos destrozados, restos esparcidos por la calzada y un escenario que, a simple vista, deja poco a la imaginación. La escena, registrada de noche en una avenida de San Juan, en Puerto Rico, se ha hecho viral en cuestión de horas y ha generado una reacción casi inmediata entre quienes lo han visto: ¿estaban compitiendo?
Las fotografías fueron difundidas por la policía local y los presentes tras el siniestro, pero sin aportar una explicación oficial sobre las causas. Aun así, el contexto resulta difícil de ignorar.
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La tipología de los coches implicados, el momento en el que ocurrió y el entorno urbano en el que se produjo han sido suficientes para que la hipótesis de una carrera ilegal se abra paso con fuerza en el debate público. No sería, en cualquier caso, un episodio aislado. Este tipo de prácticas llevan años repitiéndose en ciudades de todo el mundo.
Un choque que no necesita explicaciones
El estado en el que quedaron los vehículos es el primer elemento que alimenta las dudas. El Mclaren 570S naranja presenta daños muy severos en la parte trasera y en el lateral del conductor, con fluidos derramados sobre el asfalto y fragmentos de carrocería repartidos a lo largo de varios metros. La violencia del impacto se percibe incluso sin conocer la secuencia exacta de los hechos.
En una toma aérea, el Ford Mustang GT amarillo aparece volcado sobre el costado del conductor, apoyado parcialmente en la acera. En un breve vídeo, que ya no está disponible, se veía a varias personas intentando devolverlo a su posición original, una escena que refleja tanto la gravedad del siniestro como la improvisación de los primeros momentos posteriores al choque.
Las carreras ilegales no siempre son duelos largos ni organizados, en muchos casos se trata de aceleraciones puntuales o piques espontáneos que duran apenas unos segundos. Más que suficiente para perder el control.
Qué implicaría algo así en España
En España, las fuerzas de seguridad llevan tiempo advirtiendo de este fenómeno, especialmente en polígonos y vías urbanas amplias. Y la ley no deja margen a la interpretación.
Si un accidente así ocurriera en España y se demostrara la existencia de una carrera ilegal, las consecuencias serían graves. Desde el punto de vista de la Dirección General de Tráfico (DGT), este organismo contempla sanciones de hasta 600 euros por exceso de velocidad y la pérdida de hasta seis puntos del carnet de conducir.

A ello se suma el ámbito penal. El Código Penal tipifica como delito la participación en competiciones de velocidad no autorizadas en vías abiertas al tráfico, con penas que pueden ir desde los seis meses hasta los dos años de prisión, además de la retirada del permiso de conducir por un periodo de uno a seis años. En función de las circunstancias, también puede existir responsabilidad civil por los daños causados y sanciones económicas adicionales si se aprecia conducción temeraria.
Existe un escalón aún más grave. Cuando la conducción se realiza con manifiesto desprecio por la vida de los demás, las consecuencias se endurecen notablemente. La ley prevé penas de hasta cinco años de prisión, grandes multas económicas y la privación del derecho a conducir durante hasta diez años, incluso aunque no se haya producido un resultado lesivo.
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