Los semáforos forman parte esencial de la movilidad en las ciudades. Regulan el tráfico, ordenan el paso de vehículos y peatones y reducen el riesgo de accidentes gracias a su sistema de luces coordinadas, generalmente de color rojo, amarillo y verde.
Aun así, algunos conductores los ignoran o se los saltan por despiste o por prisas. Esto puede poner en peligro al resto de usuarios de la vía. Además, cuando un vehículo grande tapa la visión del semáforo, resulta más difícil anticipar el cambio de luz, lo que genera arranques bruscos y una circulación menos fluida.
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En los últimos años han ido apareciendo soluciones tecnológicas pensadas para mejorar la seguridad y la accesibilidad. Un ejemplo destacado son los semáforos con bluetooth implantados en ciudades como Cádiz, Girona, Madrid, Sopelana (Bilbao) o Vigo, diseñados para ayudar a personas con discapacidad visual y que solo emiten sonido cuando detectan mediante bluetooth el móvil o el mando del peatón que necesita la señal acústica.
En otra zona de España, como Granada, también están probando nuevas formas de agilizar el tráfico. Allí han comenzado a implementar un sistema en el que el semáforo muestra a la vez la luz roja y la amarilla durante un segundo antes de ponerse en verde. Esto funciona como aviso previo que ayuda a los conductores a prepararse y a que la salida sea más fluida en cruces muy transitados.
Cuenta atrás en la parte trasera de los autobuses
Mientras estas tecnologías se expanden en España, China ha dado un paso más en esta misma línea de innovación urbana. Un vídeo viral muestra un autobús cuya parte trasera incorpora una pantalla que reproduce la cuenta atrás del semáforo frente al que está detenido.
Gracias a ello, los conductores que circulan detrás pueden saber exactamente cuánto queda para que la luz cambie. Incluso con vehículos que sean muy altos. Esto permite anticipar el arranque, reducir despistes y mejorar la fluidez del tráfico, convirtiendo una situación habitual en una experiencia mucho más segura y eficiente.
Esta idea no solo resulta práctica, sino que también cambia la forma en la que los conductores reciben la información del tráfico. En lugar de depender únicamente del semáforo colocado en un poste, la señal llega a través de los propios vehículos que circulan por la vía. Esto podría abrir la puerta a sistemas más modernos y sencillos, en los que los coches compartan información entre sí y hagan que moverse por la ciudad sea más cómodo y fácil para todos.
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