Este fin de semana, en Australia, comienza el Mundial de Fórmula 1. Una temporada marcada por la nueva normativa en la que el protagonismo se va repartiendo entre las distintas escuderías… para bien y para mal.
Una parte de los focos es para Aston Martin y todos los problemas que están teniendo. Adrian Newey, jefe de equipo y director técnico, ha reconocido que se siente “impotente” y que la situación les está “exprimiendo toda la energía”.
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De la cabeza de Adrian Newey no sólo han salido monoplazas de F1, también algún coche de calle al alcance de muy pocos como es el Aston Martin Valkyrie. El libro A Wild Ride, creado por Bart Lenaerts y Lies De Mol de Waft Publishing con la colaboración de Aston Martin y Red Bull Advanced Technologies, cuenta cómo fue su creación.
Nació en verano de 2015 cuando sus cuatro creadores se citaron en The Birch, un bar ubicado a las afueras de Milton Keynes; la ciudad donde está la base de Red Bull Racing, el equipo de Fórmula 1.
Cuatro hombres detrás de un coche
Mientras tomaban unas cervezas y cenaban salchichas con puré de patatas en este pub, elaboraron las líneas maestras y el esbozo del Aston Martin Valkyrie. Un coche definido como “un Fórmula 1 de calle”.
¿Quién estaba en aquella mesa? Adrian Newey, el entonces director técnico del equipo Red Bull, Christian Horner, que en aquel momento aún era jefe de la misma escudería, y dos directivos de Aston Martin: Andy Palmer, el CEO, y Simon Sproule, el que era su asesor y hombre de marketing.

La forma de trabajar de Adrian Newey
Durante seis años, estuvieron presentes en reuniones, sesiones de prueba y revisiones de diseño del Aston Martin Valkyrie. Fue un proceso que definen como “arduo, a veces divertido y ocasionalmente alegre”.
También desvelan cómo trabaja Adrian Newey, al que consideran el “mejor diseñador vivo” de coches de competición. Explican que no tiene limitaciones de presupuesto y practicidad.

Ayudan, al mismo tiempo, a entender cómo un V12 de 6.5 litros, una caja de cambios de siete velocidades, un motor eléctrico y una suspensión trasera caben en un espacio en el que normalmente sólo habría espacio para una de esas cosas.
Adrian Newey lo consiguió montando la suspensión directamente en la carcasa del transeje, fijó la parte delantera del motor a la parte trasera de la sección central del coche donde se sientan los pasajeros y colocó la caja de cambios en el otro extremo de ese bloque.
150 unidades
Para que el Aston Martin Valkyrie tuviese algo parecido al confort de marcha, teniendo siempre en cuenta la carga aerodinámica extrema que genera, Adrian Newey se inspiró en los Williams F1 con suspensión activa que había diseñado a principios de los años noventa.
Tanto la suspensión trasera como la delantera emplean barras de torsión en lugar de resortes helicoidales, pero no había sitio para ellas. ¿Qué solución encontró? Perforar la parte delantera del habitáculo, hecha de fibra de carbono, para que se sitúen longitudinalmente bajo el cuadro de instrumentos.
Del Aston Martin Valkyrie sólo se fabricaron 150 unidades y cada una tenía un precio de 2,89 millones de euros. En su interior ruge un V12 atmosférico de 6.5 litros firmado por Cosworth: con la ayuda de un motor eléctrico entrega 1.176 CV de potencia y llega a los 350 km/h.
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