Durante años, los motoristas han asumido que la mayoría de los riesgos provienen de su propia conducción. Sin embargo, un estudio de la Fundación Mutua Madrileña revela que gran parte del peligro surge de factores externos. Los datos invitan a reconsiderar la manera de observar el tráfico.
El trabajo profundiza en la dinámica de los siniestros y revela cómo influyen factores que rara vez se ponen en el centro del debate. El análisis identifica momentos, escenarios y decisiones ajenas al motorista que transforman un trayecto cotidiano en una situación comprometida.
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El dato que rompe la intuición colectiva
Uno de los hallazgos más llamativos del informe es que seis de cada diez accidentes con lesionados en los que aparece una moto son provocados por otro vehículo. Ese patrón se repite tanto en entornos urbanos como en vías interurbanas, con mayor o menor intensidad según el tipo de motor, la cilindrada o la franja horaria.
La cifra desmonta una percepción muy extendida entre conductores de dos ruedas, que tienden a pensar que la mayoría de los riesgos proceden de errores propios o de situaciones difíciles de controlar. Sin embargo, el análisis refleja que gran parte del peligro proviene del exterior.
El entorno y el perfil son decisivos
Los investigadores señalan que en ciudad el porcentaje asciende hasta el 95% en siniestros con lesionados, una proporción que ilustra la fragilidad del motorista en cruces, semáforos y maniobras rápidas. Los escúteres, muy asociados a desplazamientos cotidianos, acumulan la mayor parte de estas situaciones.
En carreteras interurbanas los incidentes cambiar de forma, aunque también mantienen ese factor común. Aquí aparecen con más frecuencia colisiones frontales y laterales y golpes a mayor velocidad, lo que eleva la gravedad de las lesiones y modifica la forma en la que se interpretan los riesgos.

El informe también pone el foco en los motoristas más jóvenes, un grupo que multiplica por más de dos la probabilidad de verse implicado en un siniestro. La falta de experiencia influye, pero no es el único punto relevante. También importa la antigüedad de la moto, ya que tres de cada diez accidentes corresponden a vehículos con menos de dos año.
Lesiones
Dos de cada diez accidentes producen lesiones graves, especialmente en extremidades inferiores, hombros y zona torácica. No es casualidad: en golpes laterales o alcances traseros, el cuerpo del conductor queda expuesto a fuerzas que, en un coche, absorbería la carrocería.
La fragilidad también se aprecia en los accidentes sin contrario, que representan cerca del 8% de los siniestros. Aunque son menos frecuentes, concentran un volumen elevado de lesionados debido a caídas, salidas de vía o pérdidas de control. El entorno no siempre es el agresor directo, pero sí condiciona el resultado final.

Percepción frente a práctica
Más de la mitad de los motoristas considera que su mayor amenaza son otros vehículos. Sin embargo, esa conciencia no siempre se traduce en una protección adecuada, el uso de equipamiento completo no está generalizado y muchas veces se reduce al casco y los guantes, incluso en desplazamientos con tráfico intenso.
En rutas más largas, la equipación aumenta, pero también lo hacen los riesgos asociados a motos de mayor cilindrada. La combinación de potencia elevada y peso del motorista es un elemento que aparece repetido en las situaciones más severas, lo que demuestra que la experiencia no elimina la exposición al peligro.
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