El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, que además es miembro del consejo de administración de Harley-Davidson, lanzó una advertencia que ha sacudido el mundo de las dos ruedas. En una entrevista reciente con el diario argentino La Nación, Farley afirmó con firmeza que la icónica marca de motocicletas “no puede vivir anclada en el pasado” y que “tiene que vivir en el futuro” si desea sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo y volátil.
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Las palabras de Farley no son retórica vacía. Proceden de alguien que, además de dirigir una de las mayores marcas de coches del planeta, comparte con Harley-Davidson una historia centenaria de tradición industrial —ambas marcas n acidas en 1903— y que, además, es accionista y consejero de la firma de Milwaukee.

Entre la nostalgia y la necesidad de cambio
Harley-Davidson lleva décadas representando un estilo de vida: libertad, carretera y el rugido de sus motores en V a 45 grados. Sin embargo, ese mismo legado que ha forjado su leyenda también está contribuyendo a sus dificultades actuales. Las ventas han caído progresivamente, su base de clientes envejece y la marca lucha por conectar con generaciones más jóvenes, que buscan motos más ligeras, tecnológicas y accesibles.
Farley subraya este punto con claridad: “Harley-Davidson, al igual que Ford, es un icono global, pero también tiene que cambiar. No pueden quedarse iguales”. Su experiencia dirigiendo Ford —que ha tenido que reinventarse frente a la electrificación, la digitalización y la competencia global— le otorga una perspectiva estratégica valiosa, aunque no exenta de tensión.

La visión desde dentro del consejo
Lejos de posicionarse como un crítico externo, Farley habla desde dentro. Su papel en el consejo de Harley-Davidson desde 2021 le implica un compromiso directo con el futuro de la marca. Esto agrega peso a sus palabras y deja entrever que no son simples opiniones, sino una evaluación estratégica que puede influir en decisiones futuras de la compañía.
La nueva dirección, bajo el liderazgo de Artie Starrs, ya está tomando decisiones que reflejan esa necesidad de cambio: reestructuración ejecutiva, enfoque en nuevos segmentos y esfuerzos por rejuvenecer la imagen de la marca. Lo que Farley propone no es abandonar la identidad de Harley, sino reinterpretarla en clave contemporánea, sin que el respeto por su historia se convierta en una traba para su evolución.

Un momento decisivo para Harley-Davidson
El mensaje de Jim Farley a Harley-Davidson es claro y directo: la nostalgia puede emocionar, pero no basta para sostener una empresa en el siglo XXI. La marca se enfrenta a una encrucijada histórica —adaptarse o arriesgarse a perder relevancia—, y las palabras de uno de los líderes industriales más influyentes del mundo han puesto sobre la mesa la urgencia de esa transformación.
Si Harley-Davidson consigue modernizar su propuesta sin diluir su esencia, podría escribir un nuevo capítulo en su milenaria historia. Si no lo hace, corre el riesgo de quedar como un icono del pasado, admirado pero desplazado por quienes no supieron captar el pulso del futuro. Una vez más, este tipo de decisiones no las dictan los aficionados, ni los nostálgicos… sino la propia supervivencia empresarial de una gran firma.
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