La red viaria española se enfrenta a un enemigo silencioso que ya no se puede ocultar: los baches y roturas del firme. Lo que hace años eran pequeñas fisuras por el uso, hoy se han convertido en socavones que comprometen la seguridad y el bolsillo del conductor. Mientras el Ministerio de Transportes y las administraciones regionales lidian con un déficit inversor histórico, el contraste con potencias tecnológicas como Suecia o la opulencia logística de Dubái resulta, cuanto menos, sonrojante. No es solo una cuestión de presupuesto; es una cuestión de método, tecnología y voluntad política.
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El deterioro de la red viaria española no es una percepción subjetiva de los conductores, sino una realidad avalada por los datos de la industria. Según la Asociación Española de Fabricantes de Mezclas Asfálticas (Asefma), España arrastra una carencia superior a los 225 millones de toneladas de mezcla asfáltica, volumen necesario para alcanzar un mantenimiento mínimamente funcional. Este desfase productivo, que se ha ido acumulando de forma sistemática desde el año 2011, coloca a la infraestructura viaria en un escenario de vulnerabilidad crítica ante cualquier inclemencia meteorológica.
De hecho, los temporales de lluvia registrados recientemente han funcionado como el golpe de gracia para un firme que ya se encontraba debilitado por más de una década de desinversión. El impacto para el usuario se traduce en una realidad cotidiana de riesgos: desde el reventón súbito de un neumático hasta daños severos en el sistema de suspensión, elevando exponencialmente los índices de inseguridad vial. Para los especialistas del sector, el tiempo del mantenimiento reactivo ha pasado; la técnica del “parche” ha dejado de ser una solución viable para salvar la integridad de las carreteras españolas.

Crisis en el asfalto
En el territorio nacional, la realidad técnica es alarmante. Según los últimos informes del sector, la falta de inversión ha provocado que gran parte de las autovías presenten un estado de conservación deficiente. En España, la reparación de un socavón suele implicar un despliegue tedioso: señalización de obras, cortes de carril que generan retenciones kilométricas y operarios trabajando con métodos tradicionales que, en ocasiones, solo sirven para aplicar un fragmento provisional de escasa durabilidad.
Este abandono no resulta gratuito. Como se ha explicado, la degradación del firme aumenta el consumo de combustible, daña las suspensiones y, lo más grave, multiplica el riesgo de accidentes. Todos estos problemas repercuten en el bolsillo del contribuyente y de las administraciones. Lo cierto, es que la inversión necesaria para devolver las carreteras a un estado óptimo se cuenta ya por miles de millones de euros, una cifra que parece no materializarse nunca mientras el asfalto se desmorona bajo las ruedas de los usuarios. La red viaria española sufre una fatiga de materiales que requiere una intervención estructural urgente.

El modelo sueco y el de los Emiratos Árabes Unidos
Al observar la gestión en el norte de Europa o en los países prominentes del golfo Pérsico, el escenario cambia radicalmente. En Suecia, la eficiencia es la norma técnica. El país nórdico utiliza maquinaria de vanguardia capaz de reasfaltar tramos localizados de forma casi instantánea. Mediante el empleo de camiones especializados que calientan el asfalto existente y lo mezclan con material nuevo in situ, se consigue una regeneración del firme que no deja costuras. Este proceso garantiza una resistencia muy superior a la que ofrece la técnica de bacheo convencional empleada en España.
Por su parte, Dubái ha captado la atención global por su capacidad de reacción. En el emirato, la gestión de las infraestructuras se trata con la urgencia de una emergencia nacional. Se han documentado intervenciones donde cuadrillas perfectamente coordinadas y maquinaria de alta precisión reparan socavones en tiempos récord. A veces, la operación apenas dura unos minutos, devolviendo la normalidad al flujo vehicular de inmediato. Allí, el concepto de carretera cortada por obras se considera un fracaso logístico que se evita mediante el uso de resinas de secado ultrarrápido y tecnología de monitorización constante.
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