Parece un gesto rutinario: sentarse, ajustar el asiento y colocar los retrovisores. Sin embargo, miles de conductores siguen regulando mal los espejos de sus vehículos, generando amplios ángulos muertos que ponen en riesgo a peatones y otros usuarios, especialmente al maniobrar marcha atrás.
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Lo cierto es que los espejos retrovisores constituyen una de las principales herramientas de seguridad en la conducción. La Dirección General de Tráfico (DGT) recuerda que hasta el 90% de la información que recibe un conductor proviene de la vista, de ahí que una mala regulación pueda tener consecuencias graves.
La normativa vigente establece que los turismos deben llevar, como mínimo, dos espejos retrovisores obligatorios: el izquierdo y el interior, siendo necesario añadir el derecho únicamente cuando el retrovisor interior esté inutilizado por cualquier motivo. En el caso de autocaravanas, furgonetas y autobuses, donde la visibilidad trasera queda comprometida, tanto el retrovisor izquierdo como el derecho son obligatorios para garantizar un campo visual adecuado.

Verse a uno mismo
Durante décadas, en las autoescuelas se enseñó a ajustar los retrovisores laterales dejando visible una parte del propio vehículo. Pero tanto la Guardia Civil como otros organismos especializados subrayan que esta práctica es errónea, ya que reduce el campo visual y amplía peligrosamente los puntos ciegos.
Tal como explican desde la DGT y la Guardia Civil en sus publicaciones, “cuando usted ajusta su espejo para eliminar el punto ciego, debe hacerlo de tal manera que no vea su propio vehículo”. De lo contrario, ese espacio perdido del espejo impide detectar coches, bicis o peatones situados en zonas críticas, especialmente al cambiar de carril o maniobrar hacia atrás.

Ajustar los tres espejos
Las recomendaciones oficiales apuntan a un principio clave: los tres espejos deben complementarse entre sí. Así, lo que desaparece del retrovisor interior debe aparecer inmediatamente en uno de los laterales, evitando cualquier zona sin cubrir. Es la técnica que los expertos aconsejan poner en práctica y que ha generado debate entre los conductores, aunque su eficacia está demostrada desde hace años.
Hay que comenzar ajustando el retrovisor interior, en el que debe verse claramente la zona trasera del coche y el carril posterior. Los retrovisores laterales, sin incluir el propio vehículo en el reflejo, deben orientarse hacia el carril contiguo, abriendo el ángulo hasta cubrir el espacio donde suelen producirse los puntos ciegos.
Hasta la Policía Nacional
La importancia de emplear y colocar correctamente los espejos retrovisores es tal que incluso la Policía Nacional —pese a no tener competencias en tráfico— ha alertado recientemente en su cuenta de X sobre este problema, compartiendo recomendaciones básicas para evitar sustos y atropellos. Y es que esta publicación en X demuestra que el problema persiste y que muchos conductores siguen cometiendo errores básicos.
Por eso, incorporar estas recomendaciones permite reducir riesgos, mejorar la seguridad y conducir con mayor confianza. Si cada espejo está donde debe estar, el ángulo muerto deja de ser un enemigo invisible y se convierte en un riesgo controlado. Y en circulación, controlar lo que no se ve marca la diferencia entre un trayecto seguro… y un accidente evitable.
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