La señalización específica que llevan determinados vehículos no es un simple accesorio, sino una herramienta clave para la seguridad vial. Gracias a estos distintivos, otros conductores pueden anticipar comportamientos especiales, extremar la precaución en maniobras y adaptar su conducción a situaciones en las que existe un mayor nivel de riesgo.
Esta función preventiva resulta especialmente importante en transportes vinculados a colectivos vulnerables, como los menores que viajan diariamente a sus centros educativos.
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En este contexto cobra relevancia la señal V‑10, el distintivo reservado al transporte escolar. Se trata de una placa amarilla en la que aparecen dos figuras infantiles, diseñada para ser visible a larga distancia y advertir que el vehículo transporta menores. Su presencia no solo informa al resto de usuarios, sino que fija obligaciones específicas para el conductor del vehículo escolar y para quienes circulan a su alrededor, según el Reglamento General de Vehículos, que la incluye dentro del Anexo XI, Señales en los vehículos.
Vigilancia en las rutas escolares
Esta señal sirve, sobre todo, para anticipar maniobras que requieren una atención especial, como las paradas en zonas próximas a colegios, los giros en intersecciones con alta presencia de peatones o las detenciones repetidas en rutas escolares. La visibilidad del distintivo resulta fundamental para que otros conductores reduzcan la velocidad y aumenten la distancia de seguridad en situaciones en las que pueden ocurrir imprevistos.
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La importancia de la V‑10 se hace todavía más evidente esta semana, en la que la Dirección General de Tráfico ha activado una campaña específica de vigilancia del transporte escolar. Aunque el operativo es discreto y está centrado en aspectos básicos de seguridad, como la velocidad adecuada y la ausencia de distracciones, su objetivo se alinea con el espíritu preventivo que persigue esta señal: minimizar riesgos en desplazamientos que, cada mañana, realizan más de 630.000 menores en España.
Durante estos días, agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y policías locales revisan elementos como la documentación obligatoria, el estado técnico del vehículo o el uso de cinturones en aquellos autobuses que los lleven instalados. También se realizan controles rutinarios de alcohol y drogas a los conductores, aunque la DGT insiste en que esta campaña es principalmente informativa y busca reforzar la cultura de seguridad en un servicio especialmente sensible.
La combinación de una señalización clara, como la V‑10, y actuaciones periódicas de supervisión contribuye a reducir riesgos en los trayectos escolares, donde la precaución de todos los usuarios de la vía sigue siendo el factor más determinante para evitar incidentes.
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