La controversia sobre los aditivos que se incorporan a la gasolina y el diésel ha vuelto a escena tras unas declaraciones que han sacudido el sector energético. José Rodríguez de Arellano, consejero delegado de Plenergy, cuestionó recientemente su utilidad en una entrevista, calificándolos de “gran mentira” y asegurando que su incorporación responde más a una percepción comercial que a una necesidad técnica. “Ponemos el aditivo porque la gente piensa que es bueno”, afirmó, generando un intenso debate entre operadores y fabricantes.
Enfrente, Jorge Guillén, responsable de Aviación y de la unidad de negocio en España de Exolum, defiende en EL MOTOR la importancia de estos compuestos en una conversación por videollamada.
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Según Guillén, los aditivos contribuyen a mejorar el rendimiento del motor, prolongar su vida útil y reducir averías. “No es una afirmación gratuita”, subrayó, citando la Carta Mundial de Combustibles (World Wide Fuel Charter), un documento técnico que recomienda su uso a nivel internacional.
Las mejoras de los aditivos
Los argumentos a favor se apoyan en estudios publicados en plataformas científicas como ‘ScienceDirect’, que destacan su papel en la prevención de depósitos carbonosos en los inyectores y en la mejora de la ignición. Además, la reducción del azufre en los combustibles actuales ha incrementado la necesidad de aditivos para garantizar la lubricidad del diésel, un factor clave para evitar daños en el sistema de inyección.
En España, la mayoría de los millones de litros de carburante que se distribuyen incluyen estos componentes, ya sea mediante fórmulas propias de las petroleras o a través de los aditivos suministrados por Exolum, principal operador logístico del país. El proceso se realiza en los cargaderos donde los camiones cisterna reciben el combustible y, de forma dosificada, el aditivo correspondiente. “El cliente nos indica la proporción exacta y nosotros la inyectamos automáticamente”, explica Guillén.
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No obstante, existen excepciones. Algunas estaciones de servicio optan por comercializar carburante sin aditivos, una práctica minoritaria que responde a estrategias de bajo coste. En cualquier caso, la normativa europea garantiza que el combustible cumpla con las especificaciones E5, E10, B7 o B10, lo que asegura su compatibilidad con los motores, aunque sin los beneficios adicionales que, según los defensores, aportan los aditivos.
La transparencia, concluyen los expertos, es clave para disipar dudas. La información sobre la composición del combustible suele estar disponible en la propia estación o en la web del operador, aunque no todos lo detallan.
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