En numerosas ocasiones, los conductores circulan en un estado de automatismo, sin plena conciencia de su entorno. Este fenómeno, conocido como hipnosis vial o fiebre de la línea blanca, representa un riesgo latente que puede tener consecuencias fatales.
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El término fue acuñado en 1963 por el doctor G.W. Williams, quien lo definió como un estado mental en el que el conductor desconecta brevemente, recuperando la atención solo ante un estímulo externo. Diversas investigaciones clínicas indican que este estado puede manifestarse tras aproximadamente 2,5 horas de conducción continua.
Según la Dirección General de Tráfico (DGT), la hipnosis vial se produce por la monotonía del trayecto (rectas prolongadas y curvas suaves) y por la reducción de la visibilidad, especialmente durante la noche. También influye la fijación visual en las líneas blancas que delimitan los carriles.
Conducir sin ser consciente de lo que se hace
Durante este estado, aunque los ojos del conductor permanecen abiertos, el cerebro no procesa ni interpreta adecuadamente la información visual. Esto ocurre porque la actividad cerebral disminuye ante la previsibilidad de los estímulos y movimientos. Como resultado, el conductor actúa por inercia, sin plena conciencia de sus acciones.
Este tipo de conducción automática impide recordar lo ocurrido durante ciertos tramos. Los especialistas lo comparan con un estado meditativo, en el que el subconsciente responde a estímulos externos, aunque con posible lentitud.
¿Por qué se produce la hipnosis vial?
Los estudios médicos concluyen que existen cuatro factores recurrentes cuando un conductor sufre la hipnosis de la carretera:
- Cansancio: genera alteraciones en la información que recibe el conductor y en cómo reacciona ante ella.
- Carretera: las vías rectas o con paisajes monótonos dan pie a movimientos automáticos.
- Trayecto: si la persona que está al volante lo conoce, puede que esté menos alerta y que su atención se reduzca.
- Horario: por la noche el ojo padece un importante déficit de información y la capacidad visual se reduce al 20%.
Juan Ignacio Serena, jefe de sección de Formación Vial de la DGT, explica que para combatirla “hay que procurar no dejar la vista fija en un punto y hacer barridos laterales de forma regular, así como realizar suficientes descansos durante el viaje”.
También es fundamental buscar estímulos externos para comprobar que se circula de forma consciente, mantener una temperatura agradable en el habitáculo (entre los 21 y los 23 grados) e hidratarse correctamente.
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