Con la llegada de la Semana Santa, las carreteras españolas se preparan para uno de los momentos de mayor tráfico del año. Miles de desplazamientos largos, prisas por llegar al destino y una vigilancia reforzada convierten cada kilómetro en un escenario donde cualquier despiste puede salir caro. Sin embargo, hay un aspecto clave que pasa desapercibido para la mayoría.
En medio de este aumento de controles, muchos conductores siguen guiándose por una idea simplificada, no superar el límite indicado. Pero lo cierto es que el sistema no funciona de forma tan directa. Existe un ajuste técnico que determina el momento exacto en el que una velocidad deja de ser tolerada y pasa a convertirse en sancionable.
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Lo que realmente tienen en cuenta los radares
Los dispositivos de control de velocidad no actúan de manera inmediata al superar una cifra concreta. Antes de validar una infracción, aplican un margen de corrección obligatorio, diseñado para garantizar la fiabilidad de la medición y evitar errores técnicos.
Este detalle, desconocido para muchos, implica que la velocidad registrada no es exactamente la que se utiliza para sancionar. El sistema introduce una pequeña diferencia que puede marcar la línea entre continuar el viaje con normalidad o recibir una multa días después.
Durante los operativos especiales de Semana Santa, la vigilancia se intensifica con distintos tipos de radares. Los fijos, instalados en puntos concretos, conviven con dispositivos móviles, controles de tramo y sistemas aéreos que amplían la cobertura. Y cada uno de ellos trabaja con un nivel de precisión distinto.
Radares fijos
Los radares fijos son los que trabajan con un margen más ajustado. Cuando están recién calibrados, aplican una tolerancia del 3%, lo que los convierte en los más estrictos.

Sin embargo, tras las revisiones periódicas, ese margen suele ampliarse. En vías con límite de hasta 100 km/h, la tolerancia pasa a ser de 5 km/h, lo que sitúa el salto de la multa en torno a los 105 km/h. En carreteras de 120 km/h, el ajuste es del 5%, lo que implica que el radar comienza a sancionar aproximadamente a partir de los 126 km/h.
Radares móviles
Los radares móviles, habituales en operativos especiales como Semana Santa, incorporan una tolerancia superior. Esto se debe a su propia naturaleza y a las condiciones variables en las que operan.
En vías con límite igual o inferior a 100 km/h, el margen es de 7 km/h, por lo que la sanción no suele activarse hasta superar los 107 km/h. En carreteras con límites más altos, el ajuste es del 7%, lo que sitúa el inicio de la multa en torno a los 128 km/h en autovías y autopistas.

Radares de tramo y vigilancia aérea
Los radares de tramo, que calculan la velocidad media entre dos puntos, aplican un margen más reducido. Su tolerancia es del 3 km/h en vías de hasta 100 km/h y del 3% en aquellas con límites superiores.
En el caso de los sistemas aéreos, como los helicópteros de vigilancia, el criterio es similar al de los radares móviles en algunos aspectos, aunque suelen manejar un margen del 5 km/h o 5%, dependiendo de la velocidad de la vía.

Una cuestión técnica que cambia la conducción
El motivo de estos márgenes no está en ofrecer flexibilidad, sino en garantizar mediciones justas. Factores como la calibración del radar o las condiciones del entorno pueden afectar al resultado, por lo que la normativa obliga a aplicar esa corrección antes de sancionar.
De esta manera, se asegura que solo se penalicen excesos reales. Aun así, confiarse puede resultar arriesgado, especialmente en periodos como este, donde la vigilancia se intensifica y cualquier error se multiplica.
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