La Dirección General de Tráfico (DGT) continúa reforzando su red de control de velocidad con la activación de nuevos radares distribuidos en 11 comunidades autónomas. Este avance se enmarca en el plan de instalación de 122 puntos de vigilancia previsto para 2025, del que ya se han puesto en servicio 106 dispositivos, entre ellos una parte relevante de radares de tramo. Según el organismo, estos equipos permiten una supervisión más homogénea del comportamiento del conductor y se alinean con su objetivo de reducir los accidentes graves causados por la velocidad.
Los radares de tramo no son un elemento nuevo en la red española: comenzaron a utilizarse en 2010, cuando la DGT instaló el primero en el túnel de Guadarrama, en la A‑6. Aquel lanzamiento supuso un cambio significativo en la manera de controlar la velocidad real, ya que este sistema no se basa en capturas instantáneas, sino en el cálculo del promedio del trayecto recorrido. Tras ese estreno, llegaron otros dispositivos en los túneles de Barrios (León) y Torrox (Málaga), lo que abrió la puerta a una instalación progresiva.
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Hoy la red de radares de tramo supera los 100 equipos, con presencia en una treintena de provincias. De acuerdo con los últimos datos oficiales difundidos, las zonas con mayor concentración se sitúan en Las Palmas, Palencia y Málaga, mientras buena parte del territorio –especialmente comunidades con menor densidad de tráfico interurbano– sigue sin este tipo de vigilancia instalada.
Cómo funcionan los radares de tramo
A diferencia de los cinemómetros fijos, los radares de tramo no capturan la velocidad del vehículo en un lugar y un momento determinados. En cambio, emplean un sistema basado en cámaras que registran el paso por dos puntos: la entrada y la salida del tramo vigilado. Las cámaras captan la matrícula y un software relaciona ambas imágenes, calcula el tiempo empleado y obtiene la velocidad media del recorrido. Si esta supera el límite legal establecido para esa vía, el sistema genera automáticamente la denuncia correspondiente.
No hay posibilidad de llevar una velocidad elevada y frenar de forma brusca justo antes del punto de control, como hacen muchos automovilistas con los radares instantáneos. La filosofía de los radares de tramo busca asegurar un ritmo sostenido dentro de los márgenes reales, lo que, según los expertos en seguridad vial, reduce el riesgo de siniestros graves y la gravedad de las lesiones en caso de accidente.
Los últimos cambios legislativos han contribuido a impulsar este sistema. Desde marzo de 2022, la normativa ya no permite superar el límite de velocidad en las carreteras convencionales durante un adelantamiento, lo que elimina uno de los argumentos más utilizados por los conductores que eran captados con velocidad media superior a la permitida. En las vías secundarias se concentran tres de cada cuatro fallecidos en carretera, lo que refuerza el papel de los radares de tramo como herramienta de vigilancia.
Dónde están los nuevos radares de tramo
Dentro de su despliegue más reciente, la DGT ha incorporado 13 radares de tramo en carreteras que combinan tráfico intenso, siniestralidad elevada o zonas donde la velocidad sostenida supone un riesgo especial. Entre los ejemplos destacan varios segmentos de la A‑31 y la A‑7 en Alicante; la M‑501 en Madrid; zonas específicas de la A‑355 en Málaga; el corredor GC‑23 en Las Palmas; la CV‑30 en Valencia, así como varios puntos de Ávila en la AV‑562 y la N‑403.
Estas ubicaciones han sido elegidas por concentrar perfiles de riesgo particular, ya sea por la orografía, los movimientos pendulares o la elevada densidad de desplazamientos. Todos los tramos cuentan además con señalización previa, que advierte al conductor de que entra en una zona sometida a vigilancia.
Por qué la DGT apuesta por este sistema
La velocidad inadecuada está presente entre el 10% y el 15% de los siniestros y en hasta un 30% de los accidentes mortales, según estimaciones del Observatorio Europeo de Seguridad Vial. Este contexto explica por qué la DGT insiste en aumentar los puntos de control, especialmente en los tramos donde la conducción continuada a velocidad elevada es frecuente.
El funcionamiento automático del radar de tramo facilita una detección menos dependiente de condiciones puntuales. Además, su presencia ejerce un efecto disuasorio prolongado, algo especialmente relevante en corredores interurbanos y en vías donde el exceso de velocidad es una constante.
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La DGT anuncia la ubicación de 33 nuevos radares en 11 comunidades: multas de hasta 600 euros y seis puntos menos en el carnet