Conducir en ayunas: el riesgo invisible que preocupa a la DGT, ya que dispara la fatiga y aumenta los accidentes

No comer antes de ponerse al volante reduce la atención, altera los reflejos y puede convertirse en un enemigo silencioso en carretera.

Cansancio al volante
El cansancio al volante es uno de los factores de conducir en ayunas. | Getty Images

La mayoría de los conductores piensa en la velocidad, el cansancio o el estado de la carretera cuando evalúa el riesgo de un viaje. Sin embargo, pocos consideran un factor tan cotidiano como la alimentación. La Dirección General de Tráfico (DGT) recuerda en su guía Comer bien y conducir mejor que la falta de comida puede convertirse en un desencadenante directo de accidentes, especialmente en desplazamientos largos. Conducir con el estómago vacío no solo genera malestar: afecta de lleno a la capacidad de reacción.

Lo cierto es que alterar la capacidad de reacción al volante supone un riesgo directo y medible, porque cada segundo cuenta cuando el tráfico cambia de forma inesperada. La DGT recuerda que la somnolencia, la fatiga o el simple descenso de atención (todos ellos potenciados al no haber ingerido comida) reducen la rapidez con la que el conductor procesa la información y ejecuta una maniobra evasiva.

Una reacción tardía, aunque sea de apenas unas décimas, puede ser suficiente para no frenar a tiempo ante un obstáculo, desviarse de la trayectoria correcta o no detectar un vehículo que se aproxima. Esa pérdida de agilidad mental, unida al cansancio derivado del hambre o de una bajada de azúcar, multiplica la probabilidad de error humano, el factor más frecuente detrás de los siniestros de tráfico según el propio documento de la DGT antes mencionado.

Cómo influye el ayuno en la conducción

Un cuerpo sin combustible es como un vehículo sin gasolina. A la hora de ponerse tras el volante, saltarse una comida puede parecer inofensivo, pero tiene consecuencias claras. La DGT advierte que reprimir la sensación de hambre es peligroso, porque el conductor se siente cansado, más nervioso y con menor capacidad para prestar atención a la carretera. Esta combinación es explosiva: reduce la concentración, la toma de decisiones y los reflejos, tres pilares esenciales para una conducción segura.

Además, comer poco o nada puede provocar bajadas de azúcar (hipoglucemias), que deterioran el rendimiento físico e intelectual del conductor. Asimismo, la guía recuerda que estas situaciones no solo generan debilidad, sino que también pueden desencadenar somnolencia o mareos, ambos factores de riesgo directo al volante.

Bostezar conduciendo

El ayuno intermitente

Por si fuera poco, la DGT también señala que el hambre prolongada incrementa la fatiga, un enemigo silencioso que los conductores tienden a infravalorar. La fatiga, por su parte, prolonga los tiempos de reacción y multiplica los errores humanos, la causa más frecuente de siniestros en carretera según las estadísticas oficiales. El auge del ayuno intermitente y la práctica en estos días del Ramadán musulmán, que implica largas horas sin ingerir alimentos, plantea un desafío adicional para quienes se ponen al volante con el estómago vacío.

Aunque estos hábitos puedan ser seguros en condiciones normales, la DGT, como ya se ha comentado, advierte que conducir con hambre es peligroso al provocar cansancio, nerviosismo y una notable disminución de la atención. Permanecer muchas horas sin ingerir alimentos genera debilidad, mareos y somnolencia, síntomas especialmente críticos cuando se está conduciendo. Durante los tiempos de ayuno, el cuerpo puede entrar en fases de fatiga que reducen la capacidad de reacción.

Comer en el coche

Comer ligero antes de conducir

El organismo necesita energía constante para mantener la atención, y una comida ligera antes de arrancar el motor puede marcar la diferencia. La DGT recomienda optar por raciones moderadas, evitando las comidas copiosas, pero también los largos periodos sin ingerir alimentos. La clave está en el equilibrio: comida suficiente para evitar la fatiga, pero lo bastante ligera para no provocar somnolencia durante el trayecto. También recuerda la importancia de mantenerse hidratado y realizar paradas cada dos horas o 200 kilómetros, no solo para descansar, sino para tomar algún alimento sencillo y renovar el nivel de energía.

La falta de hidratación, aun leve, incrementa igualmente la fatiga muscular y la pérdida de atención. Por su parte, los alimentos que se deben consumir a la hora de realizar un largo desplazamiento en coche son: verduras, hortalizas o sopas desgrasadas, y optar por carnes magras como el pollo o el pavo, así como pescados blancos de fácil digestión, siempre preparados a la plancha, parrilla u horno para reducir el aporte graso. También aconseja acompañar el plato principal con guarniciones vegetales en lugar de fritos o féculas pesadas. En cuanto al postre, la prioridad deben ser las frutas frescas, sorbetes o infusiones digestivas, evitando pastelería y bollería cargadas de grasa.

Por el lado contrario, el organismo reacciona peor ante comidas copiosas, alimentos muy grasos, salsas abundantes, platos flatulentos como legumbres o determinadas verduras, bebidas gaseosas y estimulantes, que favorecen la pesadez, la acidez y la somnolencia, comprometiendo la seguridad al volante. Todo ello, unido a la prohibición tajante de conducir habiendo ingerido alcohol.

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