El paso de cebra constituye el bastión fundamental de la prioridad peatonal en el trazado urbano. Este elemento del mobiliario vial se identifica por su icónico patrón de franjas blancas longitudinales que, por su innegable parecido con el pelaje del animal africano, recibió el nombre técnico de zebra crossing en tierras anglosajonas antes de popularizarse en todo el mundo. Más allá de su denominación, esta señalización horizontal se erige como una herramienta de seguridad vital, diseñada específicamente para proteger a los viandantes en los puntos urbanos con mayor volumen en el flujo circulatorio.
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La elección de este diseño geométrico no es fruto del azar, sino de una estrategia de máxima visibilidad. El potente contraste cromático entre el blanco y el asfalto garantiza que la marca sea perceptible a gran distancia, ya sea bajo el sol del mediodía o en la penumbra nocturna. Esta alternancia de tonos genera un impacto visual inmediato en el campo de visión del conductor, actuando como una alerta psicológica que le obliga de forma instintiva a levantar el pie del acelerador y extremar la precaución.
En el ecosistema digital de la educación vial, un vídeo de TikTok de la Autoescuela Mikel ha encendido el debate sobre una situación cotidiana pero llena de matices legales. Un peatón espera junto a un paso de cebra. El conductor reduce la velocidad para cumplir con su obligación, pero, de repente, el peatón gesticula con la mano indicando al coche que puede pasar. ¿Qué debe hacer el conductor? Aunque la lógica de la cortesía sugiera acelerar, la normativa de tráfico española dicta una sentencia diferente.
El imperio de la norma sobre el gesto
La seguridad vial no se rige por la amabilidad, sino por la previsibilidad. Según el Reglamento General de Circulación (RGC), los conductores tienen la obligación de ceder el paso a los peatones que se encuentren cruzando o que manifiesten su intención de hacerlo. En el momento en que un peatón se sitúa en el borde de la acera junto a las franjas blancas, la prioridad es suya por ley.
Expertos en seguridad vial advierten que aceptar la “invitación” del peatón para continuar la marcha conlleva riesgos ocultos. “La prioridad es un derecho irrenunciable en la vía pública”, señalan los especialistas en seguridad vial. Si el conductor acelera y, en ese instante, el peatón decide dar un paso al frente por un cambio de opinión o un tropiezo, el conductor sería el responsable legal ante un atropello. Una cámara de control del tráfico o un agente no interpretarán el gesto de la mano, sino la infracción del artículo 124 del RGC.

Los peligros de la ‘falsa cortesía’
Más allá de la cortesía entre conductores y peatones, existen tres razones fundamentales por las que no se debe ignorar la detención obligatoria:
- Efecto pantalla: si el conductor no se detiene, el vehículo que circula por el carril contiguo o detrás de este puede no ver al peatón, creando una situación de peligro extremo si este decide cruzar finalmente.
- Examen de conducir: para un aspirante al carné, seguir la marcha ante la indicación de un peatón supone un fallo eliminatorio automático. El examinador evaluará que no se ha respetado la prioridad marcada por la señalización horizontal.
- Incertidumbre jurídica: en caso de siniestro, las compañías de seguros se basan en la jerarquía de las señales. El gesto de un civil no tiene valor legal frente a una marca vial de paso para peatones.

La seguridad por encima de todo
En definitiva, la respuesta técnica es clara: el conductor debe detenerse por completo. Una vez el vehículo esté parado, si el peatón insiste de forma inequívoca en no cruzar (por ejemplo, dándose la vuelta o alejándose de la calzad a), el conductor podrá reanudar la marcha con extrema precaución.
La seguridad vial se basa en normas rígidas para evitar interpretaciones erróneas. Ante la duda en un paso de cebra, la detención no es una opción, es un imperativo. Como reza el mantra de las autoescuelas: “Más vale perder un segundo en la vida que la vida en un segundo”.
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