El avance de las tecnologías de conducción autónoma hace que, cada vez más, los nuevos automóviles cuenten con capacidades para conducirse por sí mismos en ciertas circunstancias. Sin embargo, esto también hace que muchos conductores sobrevaloren las capacidades de su automóvil, lo que da lugar a situaciones tan pintorescas como las de este caso, en el que quien tenía que ir al volante iba bebido y dormido en el asiento del copiloto.
Lo han sacado a la luz medios chinos como Carnewschina y IT-Home, porque el infractor era un conductor del país asiático. Los hechos tuvieron lugar en septiembre de 2025, pero la rocambolesca historia no se ha conocido hasta ahora.
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Está protagonizada por Wang Mouqun, un ciudadano residente en la provincia de Zhejiang. Aparentemente, tras haber bebido, se subió a su coche, equipado con un sistema de conducción autónoma de nivel 2 y, utilizando un dispositivo al que la policía se refiere como un “gadget de conducción inteligente”, consiguió engañar al sistema para no tener que estar atento a la conducción.
Introdujo su destino en el GPS y puso el coche en marcha, para pasarse al asiento del copiloto, que reclinó y en el que se quedó dormido mientras su automóvil le llevaba a donde quería. En el trayecto, hizo una parada, no se sabe si por un semáforo o un stop, lo que hizo que quienes le vieron se sorprendieran ante la estampa.
Alertados por la situación, llamaron a la policía, que acudió al lugar y sometió a un test de alcoholemia a Wang, que dio positivo con una concentración de alcohol en sangre de 114,5 miligramos por cada 100 mililitros.
No era el primer problema que tenía por combinar alcohol y conducción. En julio de 2024 le quitaron el carnet de conducir durante seis meses por infracciones relacionadas con este motivo. Por su inventiva con la conducción autónoma, f ue sentenciado con un mes y 15 días de arresto, además de a pagar una multa de unos 485 euros.
La manera de burlar a la seguridad del coche
Un coche con nivel 2 de conducción autónoma no está capacitado para circular por su cuenta. La tecnología de la que dispone le permite conducir por sí mismo en circunstancias muy concretas, como en autopista o durante atascos, y siempre necesita que el conductor no solo esté atento a lo que ocurre en la carretera, también debe tener las manos en el volante.
Es por eso que resulta llamativo el dispositivo que utilizó Wang, que engaña a los sistemas del coche para que piensen que las manos sí que están sobre el volante, lo que es realmente peligroso.
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