Recibes un mensaje, un video breve que parece grabado desde cerca muestra un coche conocido, luces en la entrada de la casa y manos que se acercan con malas intenciones. El efecto es inmediato, pánico, urgencia y la sensación de que algo está ocurriendo ahora mismo. Muchos reaccionarían instintivamente sin comprobar si la escena es real.
Solo cuando la víctima respira y mira con atención empiezan a surgir dudas, el ángulo no encaja con la cámara del portal, algunos detalles parecen duplicados y el audio no coincide con los sonidos del vecindario. En uno de los últimos casos documentados, el receptor del mensaje decidió no pagar y avisó a la policía. Los agentes acudieron, registraron la zona y comprobaron que no había rastro del ataque que aparecía en el vídeo.
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Fuentes oficiales califican el episodio como un intento de coacción basado en imágenes sospechosas. La técnica, en apariencia nueva, combina grabaciones con apariencia real y comunicaciones instantáneas para forzar una transferencia rápida antes de que la víctima contraste la información con fuentes fiables.
Cómo funciona la puesta en escena
Según la investigación preliminar, el gancho comienza con un envío por aplicaciones de mensajería: un vídeo corto y un ultimátum económico. En el caso conocido, se pedían 500 dólares bajo la amenaza de que el supuesto vandalismo continuaría si no se transfería el dinero.
Los investigadores apuntan a que los atacantes no necesitan ser físicamente capaces de realizar el robo, basta con recrear la escena. Para ello podrían aprovechar imágenes públicas de fachadas y calles y luego superponer acciones manipuladas digitalmente hasta lograr un resultado verosímil.

Fuentes públicas y herramientas de edición
Entre las hipótesis figura el uso de servicios de mapas y fotografía urbana para obtener referencias del entorno. Con esa base visual, editores y algoritmos pueden componer una secuencia que parece filmada en el mismo lugar. Es el mismo material accesible para cualquiera, pero en manos de delincuentes adquiere fines intimidatorios.
La policía de Michigan, que ha comunicado uno de los casos más mediáticos, recomienda no interactuar con el mensaje, no enviar dinero y presentar denuncia para que las fuerzas de seguridad puedan rastrear el origen del envío.
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