¿En qué lado está la boca de llenado del depósito? Esta pregunta puede parecer banal, pero son muchos los conductores que se la hacen cuando van a la gasolina. Las marcas no siempre eligen el mismo lugar: puede estar en la derecha o en la izquierda.
Para saberlo con seguridad, basta con mirar el cuadro de instrumentos. Junto al marcador del nivel de combustible aparece el icono de un surtidor: la flecha que le acompaña revela la ubicación de la boca de llenado del depósito.
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Ese indicador llegó ahí en 1986 de la mano de Jim Moylan, un ingeniero de Ford. Un día de lluvia fue a la gasolinera y se dio cuenta de que había aparcado en el lado equivocado del surtidor. Completamente empapado, dio con la solución.
Tenía ante sí un problema cotidiano que se podía resolver con una solución sencilla, económica y definitiva. En el cuadro de instrumentos dibujó una flecha para indicar el lado donde estaba la boca de llenado. Una idea tan obvia como útil, que ahora aparece en todos los vehículos del mundo.

Jim Moylan estaba obsesionado, profesionalmente, con los cuadros de instrumentos y con la idea de hacerlos lo más claros y útiles posible. Por ello, redactó una propuesta para colocar un pequeño símbolo que indicase en qué lado estaba la tapa del depósito.
Estaba convencido de que su idea, surgida de la experiencia personal, daría respuesta a una duda que muchos conductores tenían: de paso, ahorraría tiempo y evitaría inconvenientes al aparcar en la estación de servicio para repostar.

1986: el año clave
Tras presentar su propuesta inicial en 1986, Jim Moylan se olvidó de ella: Ford no. El símbolo que había esbozado se puso rápidamente en desarrollo, fue aprobado sin mucha resistencia y se integró en los primeros modelos de finales de los 80. Su aparición pública oficia tuvo lugar en un Ford Thunderbird de 1989.
La solución era tan sencilla y práctica que la competencia la copió rápidamente. En poco tiempo, pasó de ser una solución interna de Ford a un estándar en la industria automotriz mundial.

Un discreto ideólogo
Lo cierto es que Jim Moylan nunca patentó su idea: tampoco buscó compensación económica o un reconocimiento público. Él era feliz con ver su flecha funcionar y ayudar a la gente.
Fue el Wall Street Journal, hace unas semanas, quien contó que hicieron falta muchos años, una investigación casual en un podcast y el redescubrimiento de algunos archivos internos para que el nombre de Jim Moylan surgiera. Y, sobre todo, para que fuera reconocido públicamente como el creador de una de las ayudas al conductor más discretas y universales.
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