Daigo Saito, un GT-R, 1.000 CV y mucho drift para disfrutar

Derrapar es un arte y, como tal, se eleva a un nuevo nivel si el material es óptimo y el encargado de desarrollarlo es un auténtico virtuoso.

Igual que un plato de comida depende en gran parte de la calidad de sus ingredientes, el resultado de un tanda de drift depende del nivel de todos sus componentes. Por eso, si juntas a un piloto de nivel con una auténtica bestia de cuatro ruedas, nada puede salir mal.






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