Desde el pasado 1 de enero, la baliza V-16 conectada se ha convertido en la acompañante obligatoria de todos los conductores en España, jubilando definitivamente a los tradicionales triángulos de emergencia. Sin embargo, lo que nació como una medida para salvar vidas al evitar que el usuario baje del coche en plena vía, ha encendido algunas alarmas en el sector sanitario. Expertos en cardiología advierten que estos dispositivos podrían no ser tan inocuos como parecen para las personas que portan un marcapasos.
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Lo cierto es que la magnitud de esta alerta no es menor si se atiende a las estadísticas clínicas. Según el último informe oficial de la Asociación del Ritmo Cardiaco de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), en España se implantan cerca de 40.000 marcapasos cada año, una cifra que ha mantenido una tendencia ascendente debido al envejecimiento de la población.
De hecho, se estima que en la actualidad existen más de un millón de personas en España que dependen de un dispositivo de estimulación cardiaca o un desfibrilador para vivir. Este vasto colectivo de conductores y pasajeros se enfrenta ahora a la paradoja de que una herramienta diseñada para su protección vial, como es la baliza V-16, pueda interferir directamente con el motor que mantiene su corazón en marcha.

El enemigo silencioso del ritmo cardiaco
El principal punto de conflicto reside en la base de la baliza. Para garantizar que el dispositivo se adhiera con firmeza al techo del vehículo, incluso bajo condiciones de viento extremo, los fabricantes incorporan imanes de gran potencia. El Dr. Manel Castellà, jefe de Cirugía Cardiovascular del Hospital Clínic de Barcelona, ha sido uno de los primeros en alertar sobre este riesgo técnico en declaraciones al programa radiofónico El món a RAC1. Según explica el especialista, la cercanía de un campo magnético intenso puede alterar la programación del marcapasos, forzándolo a entrar en un “modo fijo” de 60 pulsaciones por minuto, ignorando las necesidades reales del corazón del paciente.
El riesgo es tangible. Al sacar el brazo por la ventanilla para colocar la luz sobre el techo, el dispositivo pasa inevitablemente cerca del tórax del conductor. En este trayecto, la distancia de seguridad recomendada por los médicos —que oscila entre los 15 y 30 centímetros— se reduce peligrosamente. “Si un imán se acerca demasiado, puede inhibir el tratamiento de un desfibrilador”, señalan fuentes del sector médico, subrayando que la consecuencia podría ser fatal en un momento de ya por sí alto estrés, como es una avería en carretera.

¿Falta de previsión?
La polémica saltó a la esfera pública tras la entrevista en RAC1 a la subdirectora de la DGT, Ana Blanco, quien admitió no tener constancia previa de esta incompatibilidad específica. Aunque lo cierto es que las instrucciones de algunos modelos de balizas ya incluyen advertencias en sus instrucciones sobre mantener el aparato alejado de equipos médicos sensibles, la normativa de Tráfico no contempla, por ahora, ninguna excepción para los miles de conductores españoles con patologías cardiacas.
¿Qué pasa con las señales de radiofrecuencia? La baliza V-16 conectada emite señales de r adiofrecuencia (NB-IoT) para geolocalizar el incidente. Lo cierto es que estas emisiones suelen ser seguras, como las de los teléfonos inteligentes, por lo que no tienen por qué afectar a los usuarios con implantes cardiacos.

Precaución frente a los imanes
Por su parte, la Sociedad Española de Cardiología (SEC), en boca de su presidente, ha arrojado luz sobre esta controversia técnica, centrando su análisis en el “interruptor magnético” que incorporan estos dispositivos de soporte vital. Según el Dr. Ignacio Fernández Lozano, en declaraciones al programa Y ahora Sonsoles de Antena 3, explicó que los imanes de neodimio que permiten el anclaje de la baliza deben mantenerse a una distancia prudencial de cualquier paciente con marcapasos. Y es que, como se ha comentado, si se aproxima la baliza a menos de 15 centímetros del tórax —un gesto casi inevitable al colocarla en el techo desde el asiento del conductor—, el marcapasos puede entrar en “modo asíncrono”, alterando su ritmo.
Ante esta realidad, la comunidad cardiológica recomienda una “distancia de seguridad” activa. La sugerencia de los especialistas a los portadores de dispositivos cardiacos es que deleguen la colocación de la baliza en otro pasajero o, en caso de viajar solos, utilicen el brazo opuesto al lugar del implante (generalmente el derecho) para minimizar la proximidad. Además, aunque las interferencias electromagnéticas por la señal de datos de la baliza son improbables bajo los estándares actuales, la potencia física del imán de la V-16 es un factor que los pacientes no deben ignorar para garantizar que su corazón siga latiendo al ritmo correcto, incluso en medio de una emergencia vial.

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