La Semana Santa de 2026 está ya en el horizonte y, como ocurre año tras año, quienes se disponen a pasar unos días de viaje tienen la vista en el cielo. ¿Llueve esta Semana Santa? A 10 días vista las previsiones todavía no son muy fiables, pero hay zonas de España en las que parece que es bastante probable que ocurra. Ante esa eventualidad, es mejor preparar el coche en consecuencia.
Según las previsiones de Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), por el momento la mayor probabilidad de chubascos está en Cantabria, los Pirineos y las Islas Baleares, pero en los próximos días el pronóstico puede variar.
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Quien tenga que enfrentar un viaje esta Semana Santa, además de la preparación habitual que hay que llevar a cabo, también tendrá que prestar especial atención a los factores relacionados con la lluvia. Se pueden estructurar en tres grupos: visibilidad, peligros relacionados con la conducción y tráfico.
Suele decirse que tan importante es ver como ser visto, algo todavía más relevante si está lloviendo, algo que empeora considerablemente la visibilidad.
En este punto hay dos factores a tener en cuenta. El primero es el de la iluminación. Hay que revisar que todas las luces del coche funcionan como es debido (posición, cortas, largas, freno e intermitentes), porque permitirán tanto ver lo que rodea al vehículo como que otros vehículos nos puedan ver a nosotros.

El segundo es el del parabrisas. La luna delantera es la ventana desde la que el conductor ve lo que tiene delante, así que es importante que esté limpia. Si llueve de manera copiosa y los limpiaparabrisas no están bien, no quitaran el agua suficiente y la visibilidad se reducirá, así que hay que comprobar que las gomas no estén deterioradas.
Además, si por el contraste de temperatura empieza a formarse vaho en el cristal, hay que usar el climatizador para desempañarlo.
El peligro de conducir con lluvia
Una vez nos vean y veamos de manera correcta, el trabajo está hecho solo a la mitad. La lluvia hace que conducir sea más peligroso y hay que preparar el coche en consecuencia. A este respecto un aspecto clave son los neumáticos.
Son el único componente que pone en contacto el coche con el asfalto, así que su correcto funcionamiento es clave en la seguridad. Antes de comenzar el viaje hay que asegurarse de que llevan la presión correcta y, todavía más importante con lluvia, que no están desgastados y mantienen una profundidad de dibujo suficiente.
De esto último depende que el vehículo sea capaz de evacuar el agua. Si no lo hace, se acumulará hasta formar una fina película que hará que se pierda el contacto con el suelo, provocando el temido aquaplaning.

Si ocurre, conviene seguir estos consejos para intentar salir indemnes: sujetar el volante con ambas manos de manera firme para mantener la trayectoria, no dar volantazos para intentar salir de la superficie encharcada, no frenar y levantar el pie del acelerador para perder velocidad de manera suave. Cuando se evacúe el agua, se recupera el agarre y el conductor puede recuperar el control.
Por todo lo mencionado, conducir con lluvia es más complicado de lo normal, lo que hace el tráfico también empeore. Los conductores son más precavidos y bajan las velocidades a las que se circula, lo que sumado a la aglomeración de vehículos especialmente en las operaciones salida y entrada, hará más probable que se formen atascos.
En esa tesitura hay que tener paciencia, porque el viaje seguramente se alargue más de lo esperado, y también hay que prestar incluso mayor atención de lo habitual, dejar margen con el vehículo que va delante, indicar con anticipación las maniobras, conducir con mayor suavidad, etc., con el fin de evitar potenciales accidentes.
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