Hay trayectos que se hacen en automático. Recorridos diarios donde el conductor baja la guardia sin darse cuenta. En uno de ellos, en la costa mediterránea, esa rutina se rompe más veces de lo esperado.
Los datos lo sitúan con precisión, pero no explican del todo por qué ocurre. Es un punto por el que pasan miles de vehículos cada día y donde, sin embargo, los errores al volante se repiten con una frecuencia difícil de ignorar.
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Un kilómetro que lo concentra todo
Ese lugar está en Alicante, en el kilómetro 0 de la A-77a. Un tramo breve, prácticamente imperceptible dentro del conjunto de la red, que se ha convertido en el que más accidentes acumula en España.
En los últimos años ha registrado 93 siniestros y 141 víctimas, la cifra más alta de toda la Red de Carreteras del Estado. No es el más extremo por índice, pero sí el que más veces aparece cuando se habla de accidentes reales.

La falsa sensación de seguridad
A simple vista no hay nada que lo haga destacar. No presenta curvas especialmente cerradas ni cambios bruscos que obliguen a extremar la atención de forma evidente.
Esa normalidad es precisamente el problema. La combinación de tráfico constante, accesos cercanos y decisiones rápidas convierte el tramo en un lugar donde cualquier mínima distracción se amplifica.
Un punto de paso con demasiadas variables
Se trata de una zona de transición, donde confluyen desplazamientos urbanos y trayectos de media distancia. Esa mezcla genera diferencias de ritmo que no siempre encajan.
En ese contexto, maniobras cotidianas como un cambio de carril o una incorporación pueden desencadenar situaciones imprevistas. Es un espacio donde todo ocurre rápido y con poco margen de reacción.

Más allá del error humano
Durante años, la responsabilidad de los accidentes se ha atribuido casi exclusivamente al conductor. Sin embargo, los análisis más recientes apuntan a que la infraestructura también condiciona el riesgo.
En este caso, factores como la visibilidad, el diseño del trazado o la gestión del tráfico influyen directamente en el comportamiento de los vehículos. La suma de estos elementos convierte el tramo en un punto especialmente vulnerable.
Un problema concentrado en pocos kilómetros
Lo que sucede en Alicante forma parte de un patrón más amplio. En España, el riesgo no se distribuye de manera uniforme, sino que se concentra en tramos muy concretos.
Apenas 295 kilómetros de carretera acumulan una parte significativa de los accidentes registrados, con más de 1.700 siniestros y cerca de 2.500 víctimas en cinco años.
Otros puntos que también preocupan
Aunque ninguno alcanza las cifras de Alicante, existen otros tramos bajo vigilancia. Algunos puntos en Tarragona, Galicia o Barcelona presentan niveles elevados de siniestralidad o índices de riesgo por encima de la media.

También en autopistas de peaje, consideradas las más seguras, se ha detectado un ligero aumento del riesgo en los últimos años, lo que refuerza la idea de que ninguna vía es completamente predecible.
Un mapa que apenas cambia
Muchos de estos tramos se repiten año tras año en los informes. No son nuevos, ni tampoco casos aislados que desaparecen con el tiempo.
La persistencia de estos puntos refleja que el problema no es puntual. Son lugares donde la conducción deja de ser rutina y donde la estadística sigue escribiéndose casi a diario.
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