La Dirección General de Tráfico (DGT) y el Servei Català de Trànsit (SCT) están dando un paso firme hacia un modelo de vigilancia más flexible, móvil y difícil de prever por los conductores. Son los radares-remolque, también conocidos como radares sobre ruedas, una herramienta que gana protagonismo por su capacidad para desplazarse y actuar en puntos especialmente conflictivos.
Cataluña ha intensificado el uso de dispositivos de este tipo para frenar el aumento de la siniestralidad, ya que la velocidad excesiva sigue siendo un factor de riesgo crítico en la red viaria catalana. El SCT ha desplegado 10 unidades tanto en la AP‑7 como en otros puntos estratégicos, con seis nuevas unidades añadidas recientemente a las cuatro ya existentes.
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Estos dispositivos instalados sobre estructuras móviles pueden cambiar de ubicación cada pocos días. No necesitan conexión eléctrica permanente y controlan varios carriles a la vez, lo que permite cubrir nudos de tráfico, accesos urbanos y tramos donde los excesos de velocidad se repiten con frecuencia.
La estrategia del SCT es clara: actuar donde la velocidad se ha convertido en un problema. Por eso, los radares no se fijan en puntos concretos, sino que pueden aparecer en cualquier lugar del corredor catalán de la AP‑7, desde La Jonquera hasta Ulldecona, priorizando áreas de mayor concentración de accidentes o de volumen elevado de vehículos pesados, cuyo tráfico también ha aumentado en los últimos años.
Mejor que los radares fijos
La clave del éxito de estos radares-remolque es su movilidad total. Su estructura sobre ruedas permite transportarlos con rapidez e instalarlos en tramos donde el riesgo se dispara de un día para otro. A diferencia de un radar fijo, que solo controla un punto concreto, los remolcados permiten mantener en alerta constante a los conductores.
Desde Trànsit, la filosofía es evidente: reducir la velocidad para reducir el riesgo. Y los primeros datos de despliegue en campañas previas apuntan a que la flexibilidad del sistema se traduce en una mejora de la disciplina de conducción en tramos donde la siniestralidad venía siendo especialmente alta.
Radares para tramos de obras
La DGT también incorporará estos radares móviles en tramos de obras a partir de 2026, una de las novedades anunciadas por el Ministerio del Interior y confirmadas por la propia DGT. La idea es reforzar el cumplimiento de los límites temporales de velocidad en zonas donde operarios trabajan con una señalización provisional que muchos conductores ignoran.
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Según adelantó el ministro Fernando Grande‑Marlaska, la DGT prepara más de un centenar de radares móviles para controlar tramos de riesgo, dispositivos instalados en pequeños remolques “fácilmente desplazables” que podrán trasladarse de un punto a otro en función de las necesidades de cada obra y del tráfico real de la vía.
La prioridad son las carreteras en obras, donde el exceso de velocidad multiplica el peligro para los trabajadores. En campañas anteriores, la Guardia Civil llegó a denunciar a casi 15.000 conductores en una sola semana por no respetar los límites provisionales. El 86% de las infracciones detectadas en esos controles correspondían a exceso de velocidad en estos tramos, un dato que confirma la urgencia del despliegue de los radares-remolque en estas zonas sensibles.
Vigilancia inteligente de la velocidad
Con Cataluña reforzando la vigilancia en tramos donde la velocidad es un factor de riesgo y la DGT preparando un despliegue masivo en tramos de obras, los radares-remolque se consolidan como la herramienta llamada a transformar la vigilancia de velocidad en España.
Su presencia, siempre cambiante, obligará a los conductores a mantener una actitud más prudente y evitar confiarse después de pasar un radar fijo. Una nueva etapa en la que la movilidad de los dispositivos será tan importante como la tecnología que esconden.
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Si conduces por esta autopista, prepárate: 10 radares móviles ya pueden multarte en cualquier punto