¿Es el coche adecuado para el asfalto o una oportunidad perdida para el campo? La flota de la Policía Nacional ha dado un giro radical hacia el purismo 4×4, y no sin levantar polvareda. La reciente incorporación de diez unidades del Ineos Grenadier para las Unidades de Intervención Policial (UIP) ha sacudido el panorama del motor y la seguridad en España. Lo que para el Ministerio del Interior representa un blindaje de las capacidades operativas ante situaciones críticas, para miles de usuarios y expertos se ha convertido en el centro de una crítica feroz: ¿necesitan los conocidos como ‘antidisturbios’ el todoterreno más capaz del mercado para patrullar entornos urbanos?
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La historia de Ineos Automotive (fabricante de estos ‘tanques’) es, en esencia, un desafío directo a la industria moderna. Todo comenzó en 2017, cuando Sir Jim Ratcliffe, presidente del gigante químico Ineos y entusiasta de los 4×4 puros, decidió que el mercado había dejado huérfanos a los amantes del todoterreno clásico tras el cese de producción del Land Rover Defender original. Ante la negativa de Land Rover de venderle los derechos de diseño del antiguo modelo, Ratcliffe no se amilanó: fundó su propia división automovilística con el objetivo de construir, desde cero, el vehículo más robusto y funcional del mundo.
El resultado es el Grenadier, un coche que combina la ingeniería alemana (motores BMW y cajas ZF) con una arquitectura de la vieja escuela, fabricado en la antigua planta de Mercedes-Benz en Hambach, Francia. Lo que nació como una charla de pub entre amigos es hoy una realidad que ha pasado de los barrizales más extremos a formar parte de las flotas oficiales del Estado.

Un despliegue de músculo sobre ejes rígidos
El Ineos Grenadier no es un coche cualquiera. Estas diez unidades, que lucen ya la rotulación oficial en azul y blanco con puentes de luces de última generación, están diseñadas para resistir en cualquier circunstancia. Con un chasis de largueros y travesaños, ejes rígidos y tres bloqueos de diferencial, el Grenadier es una herramienta de precisión para el barro, la roca y las pendientes imposibles.
Sin embargo, su destino son las UIP. Esta unidad, encargada habitualmente de la gestión de masas, la protección de altas personalidades y el mantenimiento del orden público en grandes ciudades, verá cómo estos gigantes de más de 2,7 toneladas se desenvuelven por el asfalto. La Policía justifica la compra como un refuerzo necesario para la respuesta ante catástrofes naturales, rescates o situaciones donde la movilidad sea nula, pero el análisis técnico arroja dudas sobre su eficiencia en el día a día de una urbe.

Polémica en las redes
La controversia estalló apenas minutos después de que la cuenta oficial de la Policía Nacional en X (antes Twitter) compartiera las imágenes del despliegue de los 10 nuevos Ineos Grenadier. La sección de comentarios se convirtió en un clamor unánime: la idoneidad del vehículo. Muchos usuarios señalan que, por su configuración mecánica de “vieja escuela”, estos vehículos habrían encajado como un guante en el SEPRONA de la Guardia Civil.
Sus argumentos son de peso: la labor de protección de la naturaleza exige, precisamente, lo que el Grenadier ofrece: capacidad de vadeo de 800 mm y una robustez mecánica que no teme al maltrato fuera de pista. En cambio, ver un vehículo con neumáticos “all-terrain” y una dirección de recirculación de bolas —menos directa en carretera— maniobrando por las calles de Madrid o Barcelona resulta, para muchos, un contrasentido logístico. La crítica no es hacia el coche, cuya calidad es indiscutible, sino hacia la asignación de recursos dentro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.
El precio de la exclusividad
No se puede obviar el factor económico en una compra pública de este calibre. El Ineos Grenadier es un producto prémium dentro del mundo profesional. En el mercado español, el PVP del Ineos Grenadier parte de los 74.243 euros para su versión Utility Wagon de cinco plazas, aunque las unidades equipadas y homologadas para uso policial, con motores BMW de seis cilindros (ya sean diésel o gasolina), elevan sustancialmente esa cifra.
Este coste ha sido otro de los dardos de los internautas. En un momento donde la movilidad eléctrica y la eficiencia urbana marcan la agenda política, la adquisición de estas diez “bestias” de combustión y alto consumo para patrullar calles parece nadar a contracorriente de las tendencias actuales de flota.

¿Decisión estratégica o exceso de celo?
Es indudable que la Policía Nacional ahora cuenta con un vehículo capaz de llegar donde ningún otro “Z” de su flota llegaría jamás. Ante episodios como la borrasca Filomena o inundaciones severas, disponer de un Grenadier es una garantía de éxito. La cuestión que queda en el aire, y que seguirá alimentando los foros de motor, es si era necesario dotar a una unidad eminentemente urbana con el todoterreno más radical que el dinero puede comprar, mientras otras unidades rurales siguen lidiando con terrenos hostiles a bordo de SUV convencionales. El tiempo y el servicio diario dirán si el Grenadier es un aliado indispensable o un invitado de lujo fuera de su hábitat natural.
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