Quien guarde en su garaje una Yamaha Jog RR, una Aerox impecable, una Piaggio Zip de primera generación o una Gilera Runner no tiene una moto vieja; tiene un activo financiero al alza. Lo que a principios de los años 2000 era el transporte estándar de cualquier adolescente, se ha transformado en 2026 en una pieza de coleccionista cuya cotización rompe todas las reglas de la lógica del mercado de ocasión. La depreciación, ese fantasma que devora el valor de cualquier vehículo nada más salir del concesionario, parece no haber pasado por estas motos de dos tiempos.
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El mercado ha dado un vuelco de 180 grados. Si hace dos décadas estas motos inundaban las calles con su característico sonido y humeante escape de humo azul, hoy protagonizan los escaparates digitales de plataformas como Wallapop con precios que, en ocasiones, superan los 2.500 euros. Es una cifra asombrosa si se tiene en cuenta que muchas de ellas se adquirieron nuevas por cantidades similares o incluso inferiores. El sector afirma que se está ante el auge de la “nostalgia de los dos tiempos”.

Cultura de los 90
Este resurgimiento no es un fenómeno aislado de las dos ruedas, sino la pieza de un puzle nostálgico mucho mayor. Los años 90 y los primeros 2000 han regresado con una fuerza imparable, rescatando desde la estética streetwear de pantalones anchos hasta los ritmos electrónicos que marcaron a toda una generación. El ejemplo más vibrante de esta conexión emocional es DJ Nano y su exitoso concepto “Oro Viejo”; el artista madrileño no solo sigue llenando recintos masivos con la música que atronaba en los radiocasetes de la época, sino que entiende perfectamente el simbolismo de estas máquinas.
Tanto es así que, para el cartel de su gran show de las pasadas Navidades en Madrid, decidió recuperar una Yamaha Jog, elevándola a la categoría de icono cultural junto a los himnos del dance. Para los antiguos propietarios de estas 49 cc, la moto no era solo un vehículo, sino el complemento imprescindible de un estilo de vida que hoy, décadas después, vuelve a estar más de moda que nunca.

¿Por qué ya no se fabrican motos así?
La muerte comercial del ciclomotor no fue natural, sino provocada por un cóctel de normativas y cambios sociales. El endurecimiento de las leyes europeas contra la contaminación (normas Euro) fue el primer clavo en su ataúd. Aquellos motores de dos tiempos, sencillos de reparar y extremadamente potentes para su cilindrada, no podían cumplir con las exigencias medioambientales actuales.
Además, el cambio en la legislación del permiso de conducir fue la estocada definitiva. La subida de la edad mínima para el carnet AM y la posibilidad de conducir motocicletas de 125 cc con el carnet B de coche desplazaron el interés del público hacia motores de cuatro tiempos, más limpios, pero también más pesados y perezosos. En España, las matriculaciones pasaron de rozar las 200.000 unidades anuales a finales de los 90 a apenas superar las 20.000 en la actualidad. Esta escasez de oferta nueva ha disparado el valor de lo antiguo.

Preparaciones y “trucajes”: el arte de doblar la velocidad
Lo que hace especiales a modelos como la Piaggio Typhoon, la Yamaha Neos o la Gilera Runner no es solo su estética, sino su potencial mecánico. “Hasta el modelo más lento podía doblar la velocidad máxima permitida de 45 km/h con solo quitarle los topes de fábrica”, recuerdan los expertos del sector. Era una época de experimentación mecánica donde cilindros de 70 cc, variadores de competición y escapes tipo “Metrakit” eran el pan de cada día.
Hoy, encontrar una unidad que mantenga el bloque de motor original y un estado de conservación de serie es casi un milagro. Por eso, los coleccionistas están dispuestos a pagar cifras astronómicas. Una Yamaha Jog preparada “hasta los topes”, con componentes de alta gama y carenados en buen estado, es hoy un unicornio mecánico. Para muchos compradores, no se trata solo de movilidad, sino de recuperar un fragmento de su adolescencia.

Más “oro” que viejo
El análisis de los expertos sugiere que no se está ante una moda pasajera. La escasez de mecánicas de dos tiempo s en el mercado actual garantiza que el valor de estos ciclomotores siga estable o incluso aumente. Mientras que las escúteres eléctricas ganan terreno en las ciudades por su eficiencia, carecen del alma y la conexión mecánica que ofrecían estas máquinas de finales de los 90.
En conclusión, la “generación del ciclomotor” ha crecido y ahora dispone de dinero para recuperar los caprichos que marcaron su juventud. La Yamaha Jog o la Piaggio Zip se han convertido en el equivalente a los coches clásicos para la generación X. Quien conserve una en el trastero debería pensárselo dos veces antes de malvenderla: lo que posee es un tesoro mecánico que cotiza al alza en el mercado de la nostalgia.
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