El teletrabajo se ha implantado de forma consistente en muchas actividades laborales, lo que permite a multitud de personas una movilidad geográfica impensable hasta hace poco tiempo. Una tendencia que se ha aplicado a otro fenómeno en auge (en ambos casos, en coincidencia clara con la pandemia del coronavirus) como es el de los vehículos vivienda.
Las autocaravanas y furgonetas adaptadas para este uso han tomado el relevo a las clásicas caravanas remolcadas por un automóvil, siendo miles las personas que las utilizan en sus viajes de ocio. Pero, además, cada vez son más quienes se animan a utilizar estas soluciones para desarrollar su actividad profesional sin las ataduras propias de un emplazamiento fijo. Las redes sociales se encuentran repletas de publicaciones de personas que muestran su día a día laboral desde una camper o autocaravana, a menudo con un planteamiento idílico que invita a otros a replicar el modelo.
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Para conocer la realidad de este estilo de vida y trabajo, he vivido la experiencia de i nstalarme y teletrabajar durante una semana en una furgoneta acondicionada para tal fin. ¿Es posible realizar tareas periodísticas de esta manera? ¿Resulta todo tan gratificante como se muestra en redes? ¿Qué condicionantes o problemas se plantean? ¿Es una forma de vida apta para cualquier persona? Esta y otras cuestiones son las que vamos a intentar responder en las siguientes líneas.
De ruta por el norte de España
La experiencia se planteó como una ruta de siete días de duración por el norte de España, incluyendo las correspondientes cinco jornadas laborales completas. El vehículo utilizado (en este caso jugaba con ventaja) es una Fiat Ducato de mi propiedad, preparada de serie por la marca alemana Weinsberg.
Su longitud es de 5,40 metros con una altura de unos 2,20 metros, lo que permite habitar su interior erguido a personas con una estatura de hasta 1,80 metros, aproximadamente. El vehículo dispone de las comodidades básicas para su utilización como vivienda: asientos delanteros giratorios para conformar un salón junto a las dos plazas posteriores, cocina con dos fuegos, fregadero y nevera eléctrica, una cama de 1,35 metros de ancho por 1,80 de largo, multitud de espacio de almacenamiento, aseo con ducha e inodoro, calefacción estacionaria a gas y un completo sistema eléctrico, esencial para el desarrollo del teletrabajo.
La primera decisión que se debe tomar para vivir esta experiencia es la elección de los lugares en los que instalarse. Ya sabemos que en España las restricciones a este tipo de vehículos son muchas, así que conviene conocer las diferencias entre pernoctar y acampar, así como analizar en detalles las condiciones del sitio en el que decidamos quedarnos. Para ello, es muy útil recurrir a aplicaciones especialmente diseñadas para este fin, de tipo colaborativo, siendo Park4Night la más popular entre los aficionados a esta actividad.

En mi caso, al estar en ruta por la cornisa cantábrica, combiné emplazamientos en campings con otros lugares habilitados para tal fin e incluso aparcamientos permitidos para vehículos vivienda. Al margen de la localización, su interés paisajístico, su seguridad o tranquilidad, hay que tener muy en cuenta la disponibilidad de los servicios necesarios tanto para vivir como, muy especialmente en este caso, para teletrabajar: carga de agua limpia, descarga de aguas grises (las correspondientes básicamente al fregadero y la ducha) y aguas negras (las del inodoro), además de la imprescindible electricidad para aportar energía a la vivienda o a los dispositivos electrónicos que se precisen para trabajar.
La Fiat Ducato Weinsberg disfruta, en este sentido, de muchas ventajas. Dispone de un tanque de agua limpia de más de 100 litros y otro para las residuales de 90 litros, además de un completo equipo eléctrico en el que destaca la necesaria batería auxiliar de 120 amperios hora para dar servicio a la vivienda, alimentada por una placa solar de 150 vatios, con un inversor de 12 a 220 voltios, más una toma de corriente externa de 220 voltios.
Todo ello facilita mucho las cosas, tanto para disfrutar del ocio como para realizar las tareas profesionales, aunque siempre hay que estar pendiente de las necesidades energéticas y de suministro propias de un vehículo con capacidades, por supuesto, limitadas.

La estancia en camping es ideal para teletrabajar en las mejores condiciones, sin limitaciones de electricidad (siempre que se contrate por unos cinco euros al día) e incluso, en ciertas ocasiones, con disponibilidad de red wifi para la conexión a internet.
Una jornada con condicionantes
Vaya por delante que diría que esta experiencia no es para todo el mundo. De hecho, los veteranos y expertos en el mundo camper siempre recomiendan realizar una prueba lo más exhaustiva posible (básicamente mediante un alquiler) antes de lanzarse a la aventura definitiva de comprar uno de estos costosos vehículos. Y es que el día a día en una furgoneta ofrece muchas satisfacciones, pero también bastantes condicionantes que son más o menos aceptables dependiendo de cada persona.
La limitación más obvia es la del espacio. Incluso en vehículos de mayores dimensiones, la habitabilidad es reducida si se compara con una vivienda convencional, sobre todo si la furgoneta está ocupada por más de una persona. Hay que habituarse a moverse en poco sitio, a organizar todos los enseres, a mantener un orden que evite el caos… En definitiva, a vivir en un espacio de menos de seis metros cuadrado s y la mayoría de ellos ocupados por el mobiliario.

Para teletrabajar es aconsejable, aunque no imprescindible, utilizar el formato de salón con los asientos delanteros. Se obtiene así un espacio más amplio y aprovechable en torno a la mesa, que se utiliza a modo de escritorio para el ordenador, el router de conexión a internet (si no se dispone de wifi) y el resto de material o documentación necesarios para cada actividad.
El entorno de trabajo me resulta muy idóneo y agradable, un espacio pequeño pero acogedor, indicado para mantener la concentración sin distracciones y, muy especialmente, ubicado en aquel lugar que haya resultado de nuestra preferencia, ya sea en plena naturaleza o en una zona más urbana.
Con un teléfono móvil y una buena conexión a internet, además de la energía eléctrica necesaria, es posible realizar cualquiera de las tareas de un periodista, con la única excepción de las reuniones presenciales que se pueden sustituir por otras telemáticas.
Dependiendo de la época del año, otra complicación puede llegar con la temperatura del habitáculo. En invierno, gracias a las calefacciones estacionarias, el problema no existe ya que resulta sencillo aclimatar el vehículo con facilidad (no deja de ser un espacio relativamente pequeño).
Bien diferente es el calor en los meses del año cuando más aprieta. La mayoría de los vehículos vivienda tan solo disponen de aire acondicionado en la cabina, ya que la disponibilidad de un específico para todo el interior, además de muy costoso, exige un consumo elevadísimo, tanto que es inasumible sin una conexión a la red eléctrica.
Ventajas muy valiosas
Las anteriores son algunas de las circunstancias que conviene tener en cuenta para no sufrir una cierta decepción con la vida camper o el teletrabajo en ruta. Problemas, en su mayoría, del primer mundo, pero que no todos están dispuestos a asumir, por muchas que sean las ventajas de este estilo de itinerancia.
Porque, ciertamente, vivir y trabajar en una furgoneta camper o autocaravana aporta sensaciones muy especiales para quienes las sepan valorar. Comenzar la jornada laboral a primera hora, llegar al puesto de trabajo sin más desplazamiento que pasar de la cama (o la ducha, según preferencias) a una mesa que está a un metro de distancia, desarrollar una jornada laboral completa y, a continuación, disponer de tiempo libre para disfrutar de lo que nuestra ubicación puede ofrecer es un lujo que no tiene precio.
Se debe apostar por la disciplina en las tareas, por la concentración, por evitar la tentación de disfrutar más de la cuenta del entorno o las actividades. Porque, de ese modo, la productividad puede ser tan alta que se traduce de una disponibilidad de tiempo de ocio inédita en unas condiciones laborales convencionales.
En mi caso personal, la experiencia ha resultado plenamente satisfactoria. Por mi tipo de trabajo, me ha sido posible cumplir con mis responsabilidades en las jornadas laborales, disponer de tiempo de ocio a continuación y desplazarme a lugares de ensueño donde seguir con mi jornada sin mayores complicaciones.
Con condicionantes, sin duda y para que negarlo, pero en ningún caso tantos ni tan serios como para ensombrecer el resto de este estilo de vida que cada vez conquista a más personas y profesionales que se lo puedan permitir.
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