La edad al volante vuelve a situarse en el centro de la conversación pública en Europa. Con una población cada vez más envejecida y más conductores activos en franjas altas, distintos países revisan sus marcos normativos con la seguridad vial como argumento principal.
En ese contexto, Italia reaparece como uno de los ejemplos más citados. No por una reforma recién aprobada, sino por una limitación que lleva décadas en su legislación y que, sin embargo, ha resurgido con fuerza en las últimas semanas.
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Una frontera clara a partir de los 68 años
La normativa italiana establece un tope específico para determinados conductores profesionales. Al cumplir 68 años, ya no es posible renovar algunas de las licencias necesarias para desarrollar actividades vinculadas al transporte pesado y de pasajeros.
No se trata de una retirada general del permiso de conducir ni de una prohibición automática para todos los vehículos. La restricción afecta exclusivamente a los carnets de las clases C y D, los que habilitan para ponerse al volante de camiones, autobuses y conjuntos de gran tonelaje.
La medida está en vigor desde 1992, aunque ha sido objeto de ajustes y matices posteriores. Antes de alcanzar ese límite, desde los 65 años, los conductores deben superar controles médicos más estrictos para acreditar que mantienen las condiciones físicas y psicotécnicas exigidas.

Conducción particular, al margen
Uno de los puntos que más confusión ha generado es el relativo al permiso B, el habitual para turismos. En este caso no existe una prohibición ligada a cumplir 68 años. Los conductores pueden seguir renovándolo siempre que superen las revisiones médicas correspondientes.
La filosofía de la norma italiana no gira en torno a la edad como único criterio, sino al tipo de responsabilidad asumida. No es lo mismo un desplazamiento particular que el transporte de viajeros o mercancías durante jornadas prolongadas y en condiciones de mayor exigencia.
Por eso, el legislador optó por fijar un límite concreto en el ámbito profesional, donde entran en juego factores como la fatiga, los reflejos o la capacidad de reacción ante imprevistos.

Europa ya mueve ficha con los mayores de 65
En paralelo, la Unión Europea ya ha dado pasos concretos que afectan a los conductores sénior. La reforma de la directiva comunitaria sobre el permiso de conducir, acordada entre el Parlamento Europeo y el Consejo, permitirá a los Estados miembros acortar la validez de los carnés a partir de los 65 años.
En la práctica, esto abre la puerta a renovaciones más frecuentes y a controles médicos más estrictos para acreditar la aptitud física y mental. Bruselas no fija una edad máxima para dejar de conducir, pero sí habilita a los países a endurecer las revisiones en los tramos de mayor edad, especialmente en lo relativo a visión, reflejos y posibles patologías asociadas al envejecimiento.
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