Aparcar en ciudad siempre ha sido una prueba de paciencia, pero en algunos puntos de Europa empieza a convertirse también en una cuestión de centímetros. No se trata de tarifas más altas ni de zonas restringidas por emisiones, sino de algo mucho más básico, el tamaño del coche.
Varios ayuntamientos han comenzado a aplicar normas que impiden estacionar en aparcamientos públicos a vehículos que superen determinadas dimensiones, aunque cumplan con el resto de los requisitos legales.
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La medida, que ya se está aplicando en distintos municipios de Reino Unido y Suecia y responde a una realidad difícil de esquivar. Las ciudades conservan trazados urbanos y aparcamientos diseñados hace décadas, mientras que los coches actuales no han dejado de crecer, tanto en longitud como en anchura y peso.
Cinco metros como línea roja
El criterio que está adoptando algunos consistorios británicos es claro, los vehículos que superan los cinco metros de longitud no pueden acceder a determinados aparcamientos municipales. Es la práctica, esto deja fuera a grandes berlinas, SUV e incluso a algunos modelos familiares de nueva generación, incluidos eléctricos.
Datos recogidos por medios internacionales reflejan con claridad esta evolución. A mediados del siglo pasado, los coches más vendidos rondaban los 3,9 metros de largo; hoy, los modelos más populares superan con facilidad los 4,3 metros, y no son pocos los que van más allá. La anchura media también ha aumentado cerca de los 30 centímetros.

No es solo una cuestión de comodidad
Desde las administraciones locales se insiste en que la medida no responde únicamente a la incomodidad de aparcar. Un vehículo que sobresale de la plaza dificulta la circulación interna, reduce la visibilidad y aumenta el riesgo de pequeños golpes. A ello se suma el mayor peso de algunos modelos, que plantea dudas sobre infraestructuras concebidas para coches mucho más ligeros.
Ampliar las plazas no se considera una solución viable. Ensanchar o alargar cada espacio implicaría perder una parte significativa del número total de plazas, además de asumir costes elevados de adaptación y mantenimiento.
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Un debate que va más allá de Reino Unido
La electrificación ha acelerado la tendencia hacia vehículos más voluminosos, y la popularidad de los SUV ha hecho el resto. Coches pensados para ofrecer más espacio y confort se encuentran con un entorno urbano que no ha evolucionado al mismo ritmo.
Ante este escenario, algunas voces proponen alternativas a la prohibición directa, como tarifas de aparcamiento ajustadas al espacio ocupado. La idea es pagar en función de los metros que se utilizan, una posibilidad que empieza a ganar peso en distintos países europeos.

¿Y qué pasa en España?
El problema es similar, aunque todavía no se ha traducido en límites explícitos por longitud. Los aparcamientos públicos y privados siguen utilizando medidas estándar, mientras que muchos coches nuevos rozan o superan los límites físicos de las plazas.
Especialistas en movilidad urbana reconocen que el margen de actuación es reducido. Rediseñar aparcamientos existentes resulta complejo y poco eficiente, y cualquier pérdida de plazas tendría un impacto directo en la oferta disponible, especialmente en los centros urbanos.
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