En un mundo donde la movilidad parece reservada a la agilidad de la juventud, la historia de Thomas ‘Ed’ Davis ha roto con todos los esquemas establecidos. A sus 101 años, este veterano de la II Guerra Mundial y residente en Texas no solo se convirtió hace un año en una de las personas de mayor edad en el estado —y probablemente de todo el país— en mantener su derecho a conducir, sino que lo hizo con una solvencia que dejó boquiabiertos a los examinadores.
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Mientras el debate sobre la seguridad vial y la tercera edad suele centrarse en las restricciones, Davis dejó patente que, a veces, la capacidad cognitiva y física de una persona centenaria puede llegar a ignorar lo que dicta el calendario.

Un examen “demasiado fácil”
La renovación del permiso de conducir suele ser un trámite burocrático tedioso para cualquiera, pero para alguien que ha superado la barrera del siglo de vida, el escrutinio de las autoridades de tráfico suele ser implacable. Sin embargo, Davis superó las pruebas requeridas por el Departamento de Seguridad Pública de Texas con una facilidad casi insultante. Tras completar el proceso con éxito el año pasado, sus declaraciones a la cadena de televisión ABC 7 de Chicago reflejaron una mezcla de satisfacción y una pizca de ironía.
“Esperaba una prueba mucho más difícil”, admitió Davis con una sonrisa tras recibir su nueva licencia. El centenario conductor se mostró sorprendido por la sencillez de los requisitos, sugiriendo que su preparación y estado de alerta mental estaban muy por encima de los estándares mínimos exigidos. Para él, ponerse detrás del volante no es un acto de rebeldía, sino una extensión natural de su autonomía diaria.

El debate sobre la seguridad vial y los mayores
El caso de Davis pone sobre la mesa un análisis profundo acerca de los conductores senior. Aunque las estadísticas a menudo señalan una disminución de los reflejos con la edad, expertos en gerontología y seguridad vial argumentan que la experiencia acumulada y el conocimiento de las limitaciones propias pueden convertir a los conductores centenarios en usuarios de la vía extremadamente cautos. En Texas, las leyes de renovación para mayores de 85 años exigen una prueba de visión y un examen presencial cada dos años, filtros que el protagonista superó sin problema.
No se trata solo de mover un vehículo de un punto A a un punto B; es una cuestión de libertad personal. Para Davis, mantener el carné de conducir es el símbolo de una mente que permanece conectada con la realidad y un cuerpo que aún responde a las exigencias de la carretera moderna, un entorno mucho más complejo que aquel en el que aprendió a conducir hace casi ocho décadas.

Una lección de vida sobre ruedas
En definitiva, esta historia de superación de Thomas ‘Ed’ Davis no es solo una anécdota curiosa de la automoción, sino un testimonio de longevidad activa. Su capacidad para seguir operando un vehículo con seguridad con más de 100 años desafía los prejuicios sociales sobre el envejecimiento. Davis ha demostrado que, con una salud envidiable y una actitud positiva, el retrovisor de su camioneta puede seguir mostrando muchos años de historia.
Por su parte, en España, la Dirección General de Tráfico (DGT) mantiene una postura clara: no existe una edad máxima que prohíba por ley ponerse al volante. Sin embargo, el marco legislativo endurece los controles una vez que el conductor alcanza los 65 años con el fin de garantizar la seguridad en las carreteras. A partir de esa edad, el periodo de vigencia del permiso de clase B se reduce de los diez a los cinco años, una frecuencia que puede intensificarse aún más si el reconocimiento médico detecta una enfermedad o deficiencia que, aunque no impida la conducción, sea susceptible de agravamiento.
El eje central de este proceso es el examen psicotécnico, una evaluación presencial que mide con rigor la agudeza visual, la capacidad auditiva y el sistema locomotor del automovilista. Como medida de apoyo a este colectivo, el Estado exime del pago de las tasas de tráfico a los mayores de 70 años, quienes únicamente deben sufragar el coste del informe de aptitud psicofísica.
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