Jeep Wrangler Rubicon: los motivos por los que esta leyenda lo sigue siendo

El genuino todoterreno estadounidense se mantiene como una de las referencias dentro de su segmento.

Jeep Wrangler Rubicon

Hay coches que son mucho más que eso, por diferentes motivos. Solo unos pocos alcanzan la categoría de leyenda y el Jeep Wrangler se encuentra entre ellos. Un todoterreno que se mantiene fiel a su esencia, pese a la inevitable evolución desde el Willys original a la primera serie del modelo actual lanzada a finales de los 80.

Ahora bajo el paraguas del grupo Stellantis, la marca estadounidense ofrece versiones con motorización híbrida enchufable y etiqueta Cero, aunque también permanece en su catálogo una propuesta de combustión sin ningún tipo de electrificación. En concreto, se trata de una mecánica de gasolina, con cuatro cilindros y turbo, un cubicaje de dos litros y una potencia de 272 CV, con c ambio automático de ocho relaciones y las opciones habituales de transmisión del Wrangler: tracción trasera, total, reductora y bloqueo de los diferenciales delantero y trasero.

Su carrocería de 4,88 metros de longitud sigue caracterizada por las formas rectilíneas que definen al modelo desde sus orígenes y que no dejan de resultar una excentricidad en unos tiempos en los que la aerodinámica parece la prioridad de los fabricantes. No en el caso del Wrangler, que renuncia a una mayor eficacia en la lucha contra el viento (y el consiguiente sonido añadido) para conservar un estilo que entusiasma a los incondicionales del modelo.

Y es que, en algunos aspectos, este 4×4 de los de verdad parece anclado en el tiempo. Muchos detalles retrotraen a sus ocupantes a generaciones precedentes del Jeep más auténtico y rebosante de personalidad, uno de esos coches que parecen elegir a sus propietarios y no al contrario. Sí, este Wrangler es un coche mucho más equipado, tecnológico y seguro que ningún otro, pero el ambiente en su interior no deja de homenajear a su ilustre cuna, a esa manera de hacer las cosas típicamente americana que a muchos gusta y otros tantos aborrecen.

El Rubicon es para los más exigentes

Dentro de la gama de gasolina, el Wrangler Rubicon es la variante más preparada para su utilización fuera del asfalto, que debería ser la principal en este automóvil que se sale de lo común. Como ocurre con el Ford Bronco, su competido directo por enfoque y procedencia, no es un coche ideal para grandes viajes, ni tampoco para los desplazamientos diarios en una gran ciudad.

Puede acometer ambos desafíos, sin duda. Pero para estos escenarios existen alternativas en el mercado mucho más satisfactorias y concebidas a tal fin. El Rubicon es un todoterreno para los muy exigentes, para quienes buscan afrontar retos mayúsculos lejos de la carretera sin necesidad de preparaciones añadidas (que también se le pueden realizar para ir incluso un paso más allá, por supuesto).

El motor de gasolina se entiende a la perfección con el cambio automático, con un rendimiento más que suficiente para un desempeño prestacional que difícilmente defraudara. Más comprometido es su consumo, rondando de media los 15 litros por cada 100 kilómetros, que pueden l legar al doble rodando por caminos, pistas, arena o barro. Pero, ¿a quién le importa a cambio de disfrutar de todo el encanto de un Wrangler Rubicon? Seguramente no a aquellos que, previamente, habrán pagado un mínimo de 83.000 euros por llevarlo hasta su garaje.

Enormes capacidades

El Rubicon es capaz de hacer fácil lo difícil y posible lo imposible. Incluso en manos poco expertas, todo el potencial de sus suspensiones (con barras estabilizadoras desconectables), su transmisión con reductoras y una gestión muy acertada de su funcionamiento, los bloqueos de diferenciales y sus cotas todoterreno de la carrocería permiten afrontar situaciones impensables para otros todoterrenos y utópico para cualquier SUV.

El conductor tan solo debe valorar el escenario, calcular la trazada más adecuada y dejar que el Wrangler haga su magia. Con convencimiento, y también con seguridad, este todoterreno avanza con pasmosa contundencia ante dificultades significativas, firmes de adherencia mínima o pendientes que hacen dudar de su viabilidad. Incluso con neumáticos no especialmente aptos para tales compromisos es capaz de salir airoso sin apenas rechistar.

En carretera, como suele ser norma, todo lo excelente en campo deja de serlo. Hay que considerar todos los condicionantes de su propuesta, aceptándolos como el peaje a pagar por lo mucho que ofrece en su entorno natural. Es un coche que tira a ruidoso (buena parte de su carrocería es desmontable), torpón en trazados revirados y gastón de combustible.

Este todoterreno es para usarlo como tal, para sentirse orgulloso de conducir un icono de la historia de la automoción, para echar la vista atrás al aparcar y apreciar su peculiar belleza y, ante todo, valorando que un Rubicon se detiene ante pocas dificultades fuera del asfalto. Sabiendo que es así, hará muy feliz a quien pueda pagar una cantidad que, desde luego, no es accesible para una gran mayoría.

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