El diseño del automóvil entrará en 2026 en una fase marcada por la búsqueda de una relación más emocional con el conductor. Esta es la principal conclusión del análisis realizado por Omoda & Jaecoo, que anticipa las tendencias que definirán la estética y la percepción de los vehículos de este año.
La marca sostiene que el coche dejará de ser un mero objeto técnico para convertirse en un espacio personal que refleje la identidad y el estilo de vida de cada usuario.
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Esta visión se sustenta en un enfoque centrado en las personas. Por eso, el diseño se va a reorientar hacia una experiencia, no solo hacia una forma.
Una de las tendencias clave para 2026 será la consolidación del diseño crossover, interpretado como un equilibrio entre la presencia de un SUV y la agilidad de un modelo urbano, una fórmula que busca la versatilidad sin renunciar a una imagen moderna. La mezcla de estilos se convierte así en una herramienta para crear vehículos funcionales, pero con una personalidad reconocible.
Tecnología invisible, ¿de qué se trata?
La segunda tendencia apunta hacia una tecnología integrada de forma invisible. Frente a los habitáculos saturados de pantallas o mandos, cada vez se apuesta más por superficies limpias y una organización discreta de los elementos.
Pantallas centrales de infoentretenimiento y cuadros digitales se integran con naturalidad en la línea del interior. La disposición lógica de los controles y la selección de materiales refuerzan la sensación de orden, calidad y ergonomía.

Lo fundamental: el bienestar
El tercer eje está ligado al bienestar. El interior del vehículo se concibe como un entorno en el que pasar tiempo, no solo como un espacio funcional.
Materiales agradables, iluminación suave y asientos diseñados para trayectos prolongados forman parte de lo que se consideran un interior orientado al confort. Todo pensado para componer un habitáculo pensado para reducir el estrés y mejorar la experiencia diaria.

Diseño robusto
La cuarta tendencia, el diseño robusto y reconocible, busca crear vehículos con presencia sólida, proporciones equilibradas y líneas duraderas. El objetivo es alejarse de estéticas demasiado pasajeras y apostar por un lenguaje que transmita estabilidad, con un conjunto visual de clara inspiración todoterreno, sólido y funcional.
En conjunto, estas cuatro tendencias (crossover, tecnología invisible, bienestar interior y robustez estética) apuntan a un 2026 en el que el diseño se convertirá en un factor decisivo para conectar emocionalmente con el usuario. Vehículos que no solo se conducen, sino que acompañan al usuario en su día a día, adaptándose a sus necesidades y reforzando su identidad.

Estamos ante un cambio de paradigma: el automóvil como lenguaje, como reflejo de valores y como espacio personal; y no solo como una máquina de transporte.
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