El debate sobre la conducción en la tercera edad ha dejado de ser una cuestión local para convertirse en un desafío global de salud pública y derechos civiles. A medida que la pirámide poblacional se invierte en los países desarrollados —con proyecciones de la ONU que estiman que 1 de cada 4 europeos tendrá más de 65 años en 2050—, gobiernos de todo el mundo se enfrentan al dilema de equilibrar la seguridad vial con el derecho a la autonomía personal.
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Mientras que países como Francia han mantenido históricamente licencias vitalicias sin exámenes médicos obligatorios, otros como Portugal o Japón aplican normativas estrictas que incluyen revisiones frecuentes o incluso incentivos para la entrega voluntaria del carnet. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y expertos en geriatría, la problemática radica en que la edad cronológica no siempre refleja la capacidad funcional; sin embargo, el riesgo de fragilidad física hace que los conductores de edad avanzada sean más vulnerables ante un impacto.
Este escenario ha generado una polarización social: por un lado, la necesidad de reducir la siniestralidad —donde este colectivo representa cerca del 30% de los fallecidos en carretera en la UE— y, por otro, el riesgo de aislamiento social y depresión que conlleva retirar el permiso a quienes aún dependen del vehículo para su vida cotidiana.

Las cifras en España
Casi la totalidad de los conductores españoles situados en la franja de los 65 a los 74 años —concretamente un 94%— se pone al volante prácticamente cada jornada, de acuerdo con las estadísticas oficiales de la DGT. No obstante, el paso del tiempo suele mermar de forma progresiva las facultades físicas, los reflejos y la agudeza visual, factores críticos que elevan las probabilidades de sufrir un percance en la carretera si no se extreman las precauciones.
Pese a este declive natural, las estadísticas revelan que apenas un 1% de los automovilistas con edades comprendidas entre los 65 y los 85 años no logra superar las pruebas del test psicotécnico obligatorio. Este porcentaje de suspensos experimenta un repunte muy moderado cuando se analiza el colectivo de conductores que superan los 86 años, donde la cifra de personas que no obtienen la aptitud necesaria para renovar el permiso se sitúa ligeramente por encima del 2% del total.
Más de cuatro millones
El censo de conductores en España asciende a unos 27 millones de personas, de las cuales 4,1 millones tienen más de 65 años, representando el 15,5%. Este grupo de conductores, aunque generalmente prudente, es más propenso a sufrir y provocar accidentes debido a la disminución de sus habilidades. Tal y como recuerda la DGT, “el 78% de los conductores tiene alguna restricción en su permiso de conducción. Los problemas visuales son los más comunes, por delante de los perceptivo-motores o auditivos”.
De cualquier modo, en España no existe una edad máxima para conducir. Desde los 65 años, eso sí, la frecuencia con la que se debe renovar el permiso de conducir aumenta. Los conductores de ciclomotores, motos o turismos (permisos AM, A1, A2, A y B) deben renovar su carnet cada cinco años en lugar de cada 10, como es el caso para los conductores más jóvenes. Esta medida busca asegurar que los conductores mayores mantengan las capacidades necesarias para conducir de manera segura.
La legislación es clara a este respecto, la cualificación para conducir no depende de la edad sino del estado de las capacidades y aptitudes que tenga el conductor. Por eso, si las personas de avanzada edad cumplan con los mínimos requeridos por los centros de reconocimiento médico, pueden continuar conduciendo.

Conductores profesionales de más de 65 años
Para los conductores profesionales, como los que poseen permisos de autobuses y camiones (C, C1, D, D1, EC, EC1, ED, ED1), la renovación del permiso debe realizarse cada tres años a partir de los 65 años. Además, los conductores mayores de 70 años están exentos de pagar las tasas de la DGT para la renovación de su permiso, aunque deben cubrir el coste del reconocimiento médico.
En otros países europeos, sin embargo, los conductores profesionales sí que tienen fecha de caducidad. Por ejemplo, en Italia, para manejar vehículos pesados o dedicados al transporte de pasajeros. A partir de los 65 años, los usuarios deben someterse a controles médicos más estrictos. Pero al cumplir los 68, la renovación de estos permisos queda prácticamente vetada, salvo en casos muy excepcionales y con autorización médica específica.
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